—No, no puedo aceptar esto —rugió Ebenezer—. ¡No puedo aceptar esto!
Aunque no pudiera aceptarlo, era impotente para cambiar el resultado.
—Lo aceptes o no, estás condenado —dijo Jaime, alzando la espada, dispuesto a abatir a Ebenezer.
—¡Espera, Jaime! —Violeta le detuvo.
Jaime se volvió hacia ella y le preguntó:
—¿Qué pasa?
—Ese tipo mató a mi padre, así que debo matarlo yo —dijo Violeta, mirando a Ebenezer.
Al escuchar eso, Jaime envainó con calma la Espada Matadragones.
Ebenezer soltó un bufido frío.
—¡Violeta Guerra, puede que esté herido, pero no hay forma de que puedas derrotarme!
Aunque Violeta había alcanzado el Reino de la Fusión Corporal, aún había una gran diferencia entre sus niveles de cultivo. Sería imposible para ella derrotarlo.
—¿Y si me uno a ella? —Gamaliel se adelantó, situándose junto a Violeta.
Sin dudarlo, lanzaron un ataque contra Ebenezer.
Tras una feroz batalla, Violeta decapitó a Ebenezer de un solo golpe de espada.
Al ver su cuerpo sin vida tendido en el suelo, Violeta rompió a llorar.
—Padre, por fin te he vengado... —Violeta cayó de rodillas.
Al presenciar aquella escena, los discípulos de la Secta del Caldero Esmeralda también se arrodillaron para jurar lealtad a Violeta.
Gamaliel fue el único anciano que sobrevivió a la batalla, y más de la mitad de los discípulos estaban muertos o heridos. Aunque la Secta del Caldero Esmeralda sufrió grandes pérdidas, lograron alejar a Heru y eliminar a Ebenezer. Finalmente, Violeta hizo realidad su sueño de convertirse en líder de la secta.
Violeta se levantó poco a poco y miró a Jaime, sabiendo que le debía a él su victoria.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)