Jaime no pudo evitar sentirse conmovido por las palabras de Frey. Tenía poco conocimiento de los demonios del Reino Etéreo, y mucho menos del linaje del Demonio infernal. No sabía nada en absoluto.
Si Jaime quisiera aumentar el fuego demoníaco de su cuerpo, tendría que buscar Cultivadores Demoníacos que pertenecieran al linaje del Demonio infernal.
—Bien. Te perdonaré la vida. —Después de hablar, retrajo su fuego demoníaco, y en un rápido movimiento, devoró el fuego demoníaco primordial de Frey.
A continuación, usando su energía espiritual, Jaime selló el fuego demoníaco primordial de Frey y lo lanzó a su campo de conciencia.
Al hacerlo, Jaime pudo comunicarse con él con más eficacia, y también pudo obtener de Frey alguna información sobre el linaje del Demonio infernal.
Después de someter a Frey, la magia del teletransporte empezó a temblar y a derrumbarse de inmediato.
Contemplando la tambaleante magia del teletransporte, Jaime esbozó una sonrisa indiferente. Luego agitó la mano, desatando un torrente de energía espiritual en todas direcciones.
En un abrir y cerrar de ojos, la magia del teletransporte se hizo añicos y la figura de Jaime fue tomando forma.
La multitud había estado observando de cerca la batalla entre Jaime y Frey. Aunque la batalla tuvo lugar dentro de la magia del teletransporte, las violentas vibraciones en el vacío aún permitían a todos percibir la intensidad de su feroz intercambio.
Con el colapso de la magia de teletransporte, todo el mundo sabía que la batalla entre los dos había llegado a su fin.
—Frey debe haber ganado porque heredó las habilidades definitivas del linaje del Demonio infernal. —Ebenezer, al ver la magia de teletransporte destrozada, mostró un atisbo de alegría.
Para él, Frey fue quien creó la magia del teletransporte, así que sin duda era capaz de optimizar sus habilidades para matar a Jaime.
El colapso del espacio indicó que la batalla había terminado. Ebenezer estaba seguro de que Frey había derrotado a Jaime.
Al escuchar el comentario de Ebenezer, Gamaliel, Violeta y los demás se quedaron atónitos. Esperaban con ahínco que Jaime saliera ileso del espacio.
—Señor Salom, Señorita Violeta, no se preocupen. Estoy seguro de que el señor Casas estará bien. Saldrá vivo de ésta. —Sigfrido hablaba con una confianza inquebrantable.
«Parece que siempre ha tenido una fe absoluta en Jaime».

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