El aura que emanaba de la esencia draconiana era intensa. En cuanto Jaime se acercó a ella, la esencia draconiana empezó a temblar.
El Poder de los Dragones que Jaime llevaba dentro pareció activarse también, pues comenzó a salir en oleadas.
Los haces de luz del conjunto arcano que tenía sobre él parpadeaban y danzaban, proyectando un resplandor radiante sobre la frenética esencia draconiana. Parecía como si la luz intentara domar la salvaje esencia draconiana.
—¿Qué es este lugar? ¿Estamos en el estómago de un dragón gigante? —preguntó Jaime conmocionado. La visión de la esencia draconiana y las gigantescas estructuras óseas hicieron que Jaime se preguntara si habían caído en el estómago de un dragón gigante.
El hombre sonrió, pero negó con la cabeza.
En ese momento, Jaime recordó algo y se volvió hacia el hombre.
—Has dicho que eres tú el que está atrapado aquí. ¿Significa eso que estoy en tu estómago? ¿Qué es lo que ocurre? ¿Quién te ha atrapado aquí?
Jaime se encontraba perdido, incapaz de comprender lo que le ocurría a aquel hombre.
—Fui yo quien preparó la red arcana para atraparme a mí mismo —dijo el hombre.
Su aclaración desconcertó aún más a Jaime. Nunca había visto a nadie que montara una red arcana para atraparse a sí mismo.
—¿Por qué harías eso?
El hombre sonrió en silencio antes de levantar una mano para señalar la esencia draconiana.
—Mira bien la esencia draconiana.
Jaime se volvió para mirar a la esencia draconiana como le habían dicho.
Sus ojos se abrieron de par en par de puro asombro. Ante él se extendía un descubrimiento que lo dejó sorprendido. Dentro de la esencia draconiana, vio una débil llama negra. Aunque era débil, seguía ardiendo.


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