Sin embargo, Ebenezer no cedió y asestó un golpe para contrarrestar a Gamaliel.
—¿Cómo te atreves a levantarme la mano a mí, tu superior, por un simple cachorro? Informaré de tu insubordinación y serás castigado como es debido.
Las palmas de Ebenezer y Gamaliel chocaron con violencia.
Gamaliel retrocedió en espiral, impulsado por la visible superioridad de Ebenezer.
Después de todo, Ebenezer controlaba los recursos de la Secta del Caldero Esmeralda, y los que estuvieran más cerca del pozo obtendrían el agua primero. Sus recursos para el cultivo superaban con creces los de Gamaliel, por lo que su disparidad de poder era de esperar.
La derrota de Gamaliel lo hizo tambalearse, dejándolo indefenso mientras volvía los ojos hacia Jaime, incapaz de ayudarle por más tiempo.
Sin embargo, Jaime no parecía tener miedo de la inminente calamidad que se cernía sobre él. Mientras miraba a la bestia demoníaca definitiva que cargaba hacia él, la esencia dracónica de su pecho emitió una luz turquesa pulsante.
Pronto, de en medio de este resplandor místico, surgió un dragón azul serpentino, de decenas de metros de longitud, con los ojos encendidos, emitiendo rugidos que resonaban como truenos lejanos.
Quienes presenciaron este espectáculo respiraron agitados, la visión les heló hasta la médula.
Aunque el dragón dorado que Jaime había invocado antes parecía poderoso y sobrecogedor, a los espectadores les seguía pareciendo una ilusión.
Este dragón azul era totalmente distinto. Con escamas y alas tan tangibles como la realidad, no parecía un mero conjuro, sino la verdadera encarnación de una bestia poderosa.
Por encima de Jaime, el dragón volaba en círculos y sus rugidos estallaban como olas, haciendo que tanto Bilu como la bestia demoníaca definitiva vacilaran por un instante.
La bestia demoníaca definitiva vaciló, sus ojos destellaban una emoción demasiado compleja para nombrarla.
—¡Mátalo! ¡Mátalo! —gritó Bilu, frustrado por la indecisión de la bestia demoníaca definitiva.
A instancias de Bilu, la bestia demoníaca soltó un gruñido y cargó sin miedo.
El dragón azul reaccionó y su boca escupió una fantasmal llama azul que envolvió al instante a la bestia demoníaca atacante.

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