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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2631

—No valen nada, ¿y aun así quieren pelear conmigo? Ahórrenselo. Cuando Jaime vuelva, díganle que quiero batirme en duelo con él en la arena de la secta. Si no se presenta, vendré y les daré una paliza a todos una vez al día. —Bilu escupió a Abadías y a los demás antes de dar media vuelta y marcharse presumiendo.

En aquel momento, Jaime estaba tratando a Violeta en la habitación secreta de la cueva. Aunque ésta no llevaba ni una prenda delante de él, permanecía indiferente.

Su piel era clara y suave, tanto que el hombre medio perdería sin duda el control al verla. Sin embargo, Jaime ya no era el muchacho de sangre caliente que era en el pasado. Ya había estado con innumerables mujeres. Cecilia, Evangelina y las demás eran bellezas devastadoras.

Además, todas eran más torneadas y tenían la piel más tersa que la anterior. Por eso, sus pensamientos no se desviaron a pesar de ver a Violeta desnuda ante él.

Si fuera en el pasado, sin duda estaría inquieto y emocionado ante una belleza sin ropa.

El humo de la combustión de las hierbas envolvía sin cesar el cuerpo de Violeta, penetrando poco a poco en su cuerpo a través de la piel.

Gamaliel, por su parte, esperaba ansioso fuera de la habitación secreta. Habían pasado tres días con sus noches, pero no había pegado ojo en todo ese tiempo.

Esperaba con fe que Jaime pudiera ayudar a Violeta a recuperar el conocimiento. Aunque sabía que el joven podría hacer algo inapropiado ante una mujer desnuda, sólo podía hacer la vista gorda por el bien de la recuperación de Violeta.

Si Violeta recuperaba la consciencia, entonces cualquier cosa que Jaime le hubiera hecho se consideraría su pago hacia él.

Nunca se le había pasado por la cabeza que Jaime en realidad no albergaba ninguna intención maliciosa hacia Violeta, ni que la forzaría como Gamaliel había imaginado.

Con lentitud, las hierbas del Caldero Divino se redujeron a cenizas y el humo se dispersó poco a poco. Sin embargo, los ojos de Violeta permanecieron cerrados. No mostraba signos de recobrar el conocimiento.

Al ver aquello, Jaime frunció un poco el ceño. Al final, sólo pudo llevarla a la cama antes de cubrirla con una manta suave.

Gamaliel escuchó ruidos de movimiento en la habitación secreta y se apresuró a entrar expectante.

—¿Cómo está la Señorita Violeta, Señor Casas? —preguntó.

Capítulo 2631 Aprovecharse de una mujer 1

Capítulo 2631 Aprovecharse de una mujer 2

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