Al entrar en el lugar de evaluación, Jaime observó los alrededores y se dio cuenta de que el conjunto arcano en la que se encontraba era un simple conjunto ofensivo. Dado que no era tan fuerte, Jaime siguió adelante con indiferencia.
Justo cuando daba unos pasos, unos rayos de luz espiritual aparecieron en el aire y salieron disparados hacia él.
No obstante, el sonriente Jaime les lanzó una mirada antes de seguir caminando, ignorando los ataques de las luces espirituales.
¡Swoosh! ¡Swoosh! ¡Swoosh!
Tras el impacto, las luces espirituales rebotaron en Jaime y no le hicieron ni un rasguño.
Ni siquiera necesitaba desplegar el Cuerpo de Golem. Esos débiles conjuntos arcanos ofensivos no eran capaces de atravesar su piel.
Si los disparos hubieran sido lo bastante potentes como para herirlo, los demás discípulos que participaron en la evaluación tal vez no habrían sobrevivido.
Mientras tanto, fuera del lugar de la evaluación, había un trozo de roca lisa que mostraba el estado actual de Jaime. Era una medida para evitar que alguien hiciera trampas durante la prueba.
La visión de Jaime ignorando los ataques del conjunto arcano ofensivo y caminando con calma hacia delante dejó boquiabierto a Ebenezer.
Se quedó estupefacto mirando a Jaime con la incredulidad dibujada en el rostro.
Después de todo, muchos discípulos habían fracasado en el primer nivel, que era una prueba de agilidad. Se suponía que uno debía esquivar los ataques en lugar de soportar la peor parte con su propio cuerpo.
Por consiguiente, era la primera vez que Ebenezer veía a alguien arrasar el nivel de esa manera.
A diferencia de Ebenezer, Sigfrido no se sorprendió en absoluto, pues había sentido de primera mano lo fuerte que era el cuerpo físico de Jaime.
—¡Maldita sea! Qué niño más raro.
Mientras hablaba, Ebenezer inyectó un destello de luz blanca en el conjunto arcano.
Intentó ajustar su nivel de dificultad con el fin de aumentar la intensidad de los ataques, esencialmente haciendo la evaluación más difícil para Jaime.
Su capacidad para manipular la evaluación fue justo la razón por la que los participantes lo sobornaron con regalos.
—Señor Erazo, ¿qué está...?

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