Sin saber qué responder, Sigfrido agachó la cabeza en silencio.
—Tú y tu maestro son iguales. Ambos se distraen con facilidad con las mujeres. A tu maestro le encantan las mujeres y a ti también. Por culpa de ellas, siempre terminan sin cultivar. Al paso que va, Gamaliel los superará a todos —reprendió Ebenezer a Sigfrido cuando éste no contestó.
—Tiene razón, señor Erazo. Trabajaré duro a partir de ahora —respondió Sigfrido de inmediato.
—Mmm-hmm. Vuelve ahora y recuerda ser puntual mañana. Sin embargo, independientemente de si aprueba o no, esta es la única oportunidad que tiene —continuó Ebenezer.
—Entiendo. —Sigfrido asintió antes de darse la vuelta para marcharse.
A su regreso, Sigfrido informó a Jaime:
—Señor Casas, he hablado con el señor Erazo y ha accedido a permitirle participar mañana en la evaluación. Ahora mismo lo llevaré al lugar de la evaluación para que lo compruebe.
Jaime asintió. Era su intención recorrer la Secta del Caldero Esmeralda y averiguar si había algo especial en ella.
A continuación, se puso en pie y siguió a Sigfrido a la salida. Con éste a su lado, nadie los detuvo, fueran donde fueran.
Ni que decir tiene que la posición de Sigfrido como discípulo mayor conllevaba muchos privilegios en la Secta del Caldero Esmeralda.
Pronto, ambos llegaron a un lugar apartado.
—Señor Casas, el lugar de la evaluación está justo delante de nosotros. Se trata de una evaluación básica que estoy seguro no tendrá dificultad en aprobar con sus habilidades...
Sigfrido señaló una zona encapsulada por un conjunto arcano.
Jaime pensó que Sigfrido tenía razón. Si la evaluación de ingreso al tribunal interno era demasiado difícil para él, tal vez nadie más sería capaz de superar la prueba.
—¿Hay un límite de tiempo para la evaluación? —preguntó Jaime.
—Sí, no puedes superar las diez horas. Se considera que has suspendido si no sales en ese tiempo. También puedes abandonar a mitad de camino, ya que, después de todo, la evaluación es peligrosa. Si tu vida corre peligro, puedes romper la ficha de evaluación y alguien vendrá a sacarte —explicó Sigfrido.


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