En la biblioteca, rayos de luz dorada se materializaron en el exterior del cuerpo de Jaime mientras decenas de acupuntos de la raza bestial se abrían en su interior. En ese instante, pareció iluminarse y sintió su transformación de humano a parte de la raza bestial.
—Ahora puedo cambiar el aura dentro de mí a voluntad. En consecuencia, ¡también puedo cultivar técnicas de raza bestia!
El placer se reflejaba en su rostro. Entonces empezó a hojear los libros de técnicas de la raza bestial.
Decidiéndose por la técnica de raza bestial más sencilla, empezó a cultivarla después de que su sentido espiritual se introdujera en su cuerpo.
En un abrir y cerrar de ojos, resonaron crujidos en su cuerpo. Todos y cada uno de los huesos parecían destrozados, seguidos de la hinchazón de los músculos.
Cada vez era más alto, aunque la fuerza en su interior se multiplicaba a pasos agigantados.
Sin embargo, su aspecto en aquel momento era muy peculiar, espantoso hasta el punto de horrorizar.
Cuando exhaló un largo suspiro, su cuerpo volvió poco a poco a su forma inicial.
Aunque la técnica era demasiado simple y sólo podía aumentar la fuerza de uno durante un momento sin mucha utilidad, demostraba que en adelante podría aprender técnicas de razas de bestias.
Manteniendo abiertos sus acupuntos de raza bestial, Jaime empezó a hacer circular alquimia según los recuerdos de su campo de conciencia.
Sólo al hacerlo se dio cuenta de que las técnicas de alquimia estaban destinadas a los humanos. Por eso, cultivarlas con la anatomía de la raza bestial era todo un reto.
Pero eso no era nada para él. Comenzó a mejorar las técnicas de cultivo de la alquimia según la anatomía y los puntos de acupuntura de la raza bestial.
Experimentó sin parar antes de parar. Pronto tuvo todo un libro sobre alquimia que incluía muchos conocimientos farmacológicos.
—Esto es suficiente para estudiar durante bastante tiempo.
Contemplando la gruesa obra maestra que tenía entre las manos, Jaime sonrió satisfecho.
Después, salió de la biblioteca con el libro que había recopilado en la mano. Cuando encontró a Tigro vigilando con algunos hombres, la sorpresa lo inundó.


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