Esta era la Ciudad Imperial de las Bestias, el territorio de la raza bestial. Ya era bastante malo que Jaime, un humano, fuera llevado allí, ¡pero incluso se atrevió a colarse en la biblioteca imperial en mitad de la noche!
—No me malinterpretes. Sólo estaba…
Cuando Jaime vio a Tigro, quiso explicarse, pero antes de que pudiera terminar la frase, éste blandió su espada contra él.
Jaime no tuvo más remedio que arrojar el libro a Tigro e intentar escapar.
—¿Crees que puedes huir? Si te dejo ir, entonces yo, como general de la guardia real, ¡sería indigno de mi título! —Al ver que Jaime intentaba huir, Tigro rugió furioso y volvió a ir contra Jaime con su espada.
Tigro albergaba prejuicios contra Jaime. No le gustaban los humanos y pensaba que eran demasiado astutos.
Por desgracia, Ivana sentía debilidad por los humanos. Siempre esperaba poder casarse con uno y tener un marido humano. Sin embargo, como las razas bestia y humana no podían casarse, Ivana tuvo que contenerse.
Cuando Tigro vio a Ivana caminando junto a Jaime, riendo y charlando, se puso furioso.
Por eso, al descubrir que Jaime se había colado en la biblioteca imperial y hojeado los libros de su interior, encontró de inmediato una excusa para darle una lección.
Tigro fue implacable en sus ataques, se veía decidido a matar a Jaime.
Sin haber recuperado del todo sus fuerzas, Jaime no era rival para Tigro. Viendo los feroces golpes y letales movimientos de este último, Jaime sólo podía confiar en su agilidad para esquivar en varias ocasiones.
¡Whoosh!
Tigro blandió su espada hacia la cara de Jaime, la hoja escalofriante y afilada se acercaba con velocidad a Jaime.
Jaime quiso esquivar, pero Tigro fue demasiado rápido esa vez, haciendo que Jaime no pudiera evadir el ataque.
En ese momento, Jaime sólo pudo apretar los dientes. Su cuerpo brilló con luz dorada mientras activaba el Cuerpo de Golem. Al instante, deslumbrantes escamas doradas cubrieron toda su figura.
¡Clang!

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