—Doctor Wie, ¿de verdad es tan sencillo como acompañarle a recoger una sola hierba? —preguntó Ali con incredulidad.
«¿Por qué nos pediría algo tan trivial?».
—Por supuesto. ¿Crees que te engañaré? —El rostro de Betel se ensombreció.
—No, en absoluto. Sólo creo que esta tarea parece demasiado simple. Estamos de acuerdo con tu condición. Mañana te acompañaremos a buscar la hierba —dijo Ali sin vacilar.
—Muy bien. Pueden quedarse en Villa Retumbar esta noche. Partiremos al amanecer —dijo Betel.
Ali asintió y salió de la clínica Salud Vibrante con los demás. En cuanto salieron por la puerta, Emi saltó de alegría.
—¡Por fin la abuela podrá volver a ver!
—¿Quién iba a pensar que el doctor Wie propondría una condición tan simple? —A Percival tan solo le costaba creerlo.
—Tal vez se sintió conmovido por la devoción filial de Emi. Ahora, por fin puede estar tranquila. Ya no tiene que preocuparse por los ojos de su abuela —Ali rio entre dientes.
Jaime, sin embargo, no era tan optimista como el resto. No creía que Betel ofreciera su ayuda por bondad. Este viaje para recoger la hierba medicinal podría estar plagado de peligros.
Sin embargo, no expresó su preocupación, para no desanimar a Emi y a los demás. Con su fuerza actual, consideraba que ninguno de los pueblos cercanos podía igualarle.
Tras encontrar una pequeña posada, comenzaron a descansar, esperando en silencio el día siguiente.
Mientras tanto, en lo profundo de las montañas, en el territorio de la manada Lobo Demoníaco, el lobo líder yacía a los pies de un hombre cubierto de pieles. El hombre parecía una criatura salvaje.
El Lobo Demoníaco emitía sonidos graves y guturales. El hombre fruncía las cejas y las relajaba mientras escuchaba. Era evidente que podía entender al Lobo Demoníaco.
El hombre era medio hombre transformado de Lobo Demoníaco. Su nivel de cultivo había llevado a su transformación parcial.


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