—Sí, fuimos capturados por gente de la Aldea Cian. Querían cazar bestias demoníacas de alto nivel y nos utilizaban como cebo. Por eso nos trajeron a estas montañas. Entonces nos atacó un lobo demoníaco. Ali nos liberó y nos adentramos en el bosque para escapar de nuestros secuestradores. Nos seguían persiguiendo, así que tuvimos que luchar contra el lobo demoníaco y escondernos de los secuestradores al mismo tiempo. Ali y los demás deben estar en peligro ahora mismo. La zona de delante pertenece a una manada de Lobos Demoníacos. ¡Ninguno de ellos sobrevivirá si se topan con esa manada! ¡Ve a salvar a Ali y a los demás! Sé que no voy a conseguirlo, ¡así que déjenme en paz! —Emilio les instó.
Jaime miró a Emilio en silencio durante unos segundos. Sabía que éste no podría sobrevivir a su herida, sobre todo porque no disponía de atención médica inmediata. Aun así, Jaime intentó consolarlo de todos modos.
—Aguanta. Cuando rescatemos a Ali y a los demás, te llevaremos al pueblo para que te traten.
Jaime estaba a punto de seguir caminando, pero Emilio lo agarró del brazo y le dijo con mirada suplicante:
—No me mientas, amigo. Sé que no lo conseguiré, pero no quiero quedarme aquí sentado esperando a que me desangre. ¿Podrías por favor hacerlo rápido por mí?
Prefería que alguien lo sacara de su miseria a desangrarse con un dolor agonizante.
Jaime no quería matar a Emilio, pero reducir el sufrimiento de éste era todo lo que podía hacer en ese momento.
Tras dudar un poco, Jaime puso la mano en la cabeza de Emilio y disparó un rayo de energía espiritual que lo atravesó.
El hombre sonreía mientras cerraba poco a poco los ojos.
—¡Emilio! —Percival sollozó.
A Jaime también se le llenaron los ojos de lágrimas. No conocía en persona a Emilio, así que no compartía el mismo sentimiento.
Aun así, la gente de Villa Roca lo había tratado como a uno de los suyos durante su estancia allí, por lo que eran como de la familia para él.
—Deja de llorar, Percival. Anda, vámonos... —instó Jaime mientras conducía rápido a Percival hacia el interior de las montañas.
«¡No es momento de lamentarse! ¡Tenemos que darnos prisa y rescatar a Ali y a los demás!».



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)