La intención pura de la espada era el don de Espadero que protegería a Jaime cuando su vida corriera peligro.
Si no fuera por la intención de la espada, Jaime ya habría sido reducido a una pulpa sangrienta.
Los ojos de Rodolfo parpadearon con incredulidad cuando se dio cuenta de que Jaime seguía vivo. Sin embargo, no podía permitirse pensar en ello en ese momento, ya que su prioridad era poner fin a las acciones de Armando.
Con determinación, Rodolfo lanzó una bofetada hacia Armando, que se limitó a responder con una leve sonrisa.
Bajo la mirada de todos, el enorme rostro se desvaneció y desapareció de la vista.
—¡No! —gritó Rodolfo con todas sus fuerzas, con los ojos saliéndosele de las órbitas.
Se negó a aceptar que su plan, tan bien elaborado durante años, hubiera fracasado en el último momento.
—¡Te voy a matar! ¡Te voy a matar! —gritó furioso, deseando acabar con la vida de Armando allí mismo.
Justo cuando estaba a punto de hacer su movimiento, el cuerpo de Rodolfo comenzó a temblar sin control, envuelto por fuego.
La marca de ocho trigramas que había colocado en el rostro humano había desencadenado su efecto devastador. Sin posibilidad de escapar, el cuerpo de Rodolfo fue consumido pronto por las llamas, sin dejar rastro alguno, ni siquiera cenizas. Fue como si se hubiera desvanecido en el aire, para no volver a ser visto jamás.
Cuando se desvaneció, unos rugidos reticentes resonaron desde las profundidades de la Secta del Fuego Incinerador.
Con la desaparición del rostro humano, los rayos radiantes que envolvían el ataúd de bronce fueron menguando poco a poco, haciendo que el propio ataúd desapareciera de la vista.
Al mismo tiempo, el cuerpo de Armando empezó a desvanecerse.
—Señor Salazar...
Al ver aquello, Jaime reunió la última pizca de su energía para acercarse a Armando.
Estiró la mano desesperado para agarrar a Armando, pero fue en vano.
—No, no puedo dejarlo morir. ¡No puede morir!
Jaime fijó su mirada en Armando, que se desvanecía ante sus ojos. Llevado a la locura, expulsó con fuerza su esencia de sangre, incendiando los alrededores en un intento desesperado por impedir la desaparición de Armando.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)