Forero y Hefesto se pusieron nerviosos al presenciar las acciones de Jaime.
Jaime soltó un rugido furioso y atronador. Fue tan fuerte que hirió los tímpanos de Forero y Hefesto.
¡Whoosh!
Luego, soltó la cuerda del arco, disparando la flecha transparente hacia el cielo.
La veloz flecha atravesó el aire, creando un penetrante estampido sónico.
Agotado, Jaime se dejó caer al suelo, jadeando con fuerza.
—¿Estás bien, Jaime? —Forero trotó a toda prisa hacia Jaime y le ayudó a levantarse.
En respuesta, Jaime asintió.
—Estoy bien.
Al terminar su frase, miró atento la flecha transparente mientras la ansiedad inundaba su corazón.
Mientras la flecha volaba cada vez más alto, explotó de repente. La violenta y ensordecedora explosión pudo escucharse con claridad incluso a cientos de kilómetros de distancia.
Tras la detonación, el aire se agitó y retorció. Al final, se formó un agujero negro en el cielo.
El agujero negro empezó siendo pequeño, y su poder era muy débil.
Poco a poco, sin embargo, el agujero negro aumentó de tamaño, revelando un vórtice en su interior.
La tremenda energía del interior del agujero negro arrastraba a Jaime y a su grupo hacia él.
Hefesto miró incrédulo el agujero negro que tenía ante sí.
—¡Está abierto! ¡No puedo creer que el portal esté abierto!
Se le llenaron los ojos de lágrimas porque llevaba más de una década atrapado en el reino mundano. Nunca pensó que pudiera volver al Reino Etéreo.


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