Una expresión de incredulidad cruzó el rostro de Bosco cuando vio que el fénix batía las alas.
El fénix de Jaime era una criatura real, que encarnaba la esencia de un fénix majestuoso, mientras que el sabueso infernal de Bosco no era más que una manifestación de energía negativa.
—Jaime, no puedo creer que hayas recibido ayuda de un fénix, que es una bestia mítica.
Bosco no podía entender por qué Jaime era capaz de obtener ayuda de una bestia mítica con su nivel de cultivo actual.
Después de todo, los fénix sólo existían en el Reino Etéreo o en el Reino Inmortal.
Tras resolver con éxito el apuro de Jaime, el fénix voló en círculos por el aire, adoptando una forma humana al tocar el suelo junto a Jaime.
Todos apenas pudieron ocultar su asombro al ver cómo el fénix se convertía en una joven.
Después de todo, cualquier bestia, incluidas tanto las bestias demoníacas como las bestias míticas, necesitaría poseer un poder increíble para poder transformarse en forma humana.
—Maestro, ¿cómo se atreve este sabueso infernal a molestarlo? Déjeme destruirlo —declaró Feenix.
Con un elegante movimiento de brazos, Feenix invocó bolas de fuego abrasador desde el cielo. Estos orbes ardientes descendieron rápido, con su intenso calor y poder dirigidos en dirección del colosal sabueso infernal.
Antes de que el sabueso infernal pudiera aullar, las bolas de fuego alcanzaron su objetivo. En unos instantes, el sabueso infernal se transformó en una nube de niebla negra que se disipó y desapareció por completo de la vista.
—Bosco, si tienes otros trucos, ¡no dudes en probarlos! —anunció Jaime, mirando con atención a un Bosco por completo estupefacto.
Bosco tenía una mirada sombría.
—¡Jaime, me obligaste a hacer esto! —gritó.
Sin previo aviso, escupió una bocanada de sangre al suelo.
Cuando la sangre se filtró en el suelo, un profundo temblor reverberó por toda la tierra. Una profunda grieta surgió bajo los pies de Bosco, expandiéndose en todas direcciones.
De las profundidades de la grieta surgió una masa arremolinada de niebla negra, seguida de cinco figuras altísimas.
Las cinco bestias demoníacas poseían un aura ominosa y todo su cuerpo estaba envuelto en oscuridad. De sus bocas, que gruñían, emanaba energía negativa.
—Jaime, estas no son bestias demoníacas formadas por energía negativa. Son verdaderas bestias demoníacas del infierno. Aunque tengas la ayuda de un fénix, ¡no podrás escapar! —Bosco declaro con vehemencia mientras las cinco bestias demoniacas rodeaban a Jaime y Feenix.
Al ver eso, Santiago intentó dar un paso adelante para ofrecer ayuda, pero Jaime se lo impidió.
—Señor Higareda, espere y verá. No tiene por qué tomar medidas contra el Castillo de la Media Luna, ya que yo soy capaz de hacerlo —anunció Jaime con seguridad.
No mostró miedo ni siquiera cuando cinco bestias demoníacas del infierno estaban delante de él.


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