—¡Mamá! ¡Papá!
Cuando Hada vio que sus padres estaban sanos y salvos, se lanzó hacia ellos llena de alegría.
Por el contrario, la visión del regreso de su hija hizo que Santiago tronara con la furia dibujando su rostro:
—¿No le dije a Otoño que te llevara? ¿Por qué has vuelto?
—¡Exactamente! ¿Por qué has vuelto? Acabo de engañar a Bosco para que se fuera hace un momento. ¡Date prisa y huye! —le instó Romina.
—Mamá, papá, volví con Jaime.
Apenas dijo eso, Jaime entró con Cecilia y las demás.
Santiago se quedó un poco sorprendido al ver al hombre, perplejo por el motivo de su visita al reino secreto de la Puerta del Trueno.
—¿Por qué estás aquí, en el reino secreto de la Puerta del Trueno, Jaime? —preguntó desconcertado.
—Vengo a buscar a mi madre —respondió Jaime con franqueza.
Al escuchar eso, Hada se quedó atónita. Había pensado que el hombre estaba allí por ella.
Incluso Santiago mostraba una expresión de desconcierto, sin comprender del todo por qué Jaime acudía al reino secreto de la Puerta del Trueno en busca de su madre.
—¿Para buscar a tu madre? ¿Quién es tu madre? —preguntó.
—Mi madre es Beatriz Duval. Ella está aquí en el Palacio de la Nube Violeta, ¿no? —Jaime respondió.
¡Boom!
En cuanto Santiago escuchó eso, fue como si le hubiera alcanzado un rayo. Se quedó helado. Nunca se le había pasado por la cabeza que Beatriz fuera la madre de Jaime.
Por el contrario, Hada intervino desconcertada:
—No hay nadie llamada Beatriz Duval aquí en el Palacio de la Nube Violeta, ¿no?
Mientras que ella era ajena, no podía decirse lo mismo de Romina. Esta última sabía que Santiago una vez quiso casarse con otra persona, y esa no era otra que la heredera de la familia Duval, Beatriz Duval.
Clavó los ojos en su marido. Mientras tanto, la mente de Santiago se había quedado en blanco en ese momento.
Pasó mucho tiempo antes de que recobrara la cordura y exclamara incrédulo:


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