Jaime regresó al reino secreto de la Puerta del Trueno con Evangelina. Al conocer la función de Lejanía, Jaime se alegró demasiado.
Ya no tenía que preocuparse por encontrar las entradas a otros reinos secretos, ni tenía que seguir las reglas de transporte de los Ocho Reinos Secretos Mayores.
De lo contrario, Jaime y las demás tendrían que esperar tres días después de ser transportados del reino secreto de la Puerta del Fuego al de la Puerta de Trueno antes de poder ser transportados de nuevo.
Tres días no era mucho tiempo, pero tampoco era poco. Nadie sabía lo que podía ocurrir durante ese periodo.
—Vámonos. Tenemos que averiguar dónde está el Palacio de la Nube Violeta lo antes posible. —Jaime guardó Lejanía y comenzó a buscar la ubicación del Palacio de la Nube Violeta con las chicas.
Sin embargo, poco después de ponerse en camino, Jaime detectó la presencia de gente con su sentido espiritual.
Sin saber quiénes eran, Jaime sólo podía llevar a Cecilia y a las demás a esconderse.
Pronto, dos figuras aparecieron con lentitud ante Jaime y su grupo.
—Otoño, no quiero irme. Quiero volver y salvar a mi padre. Si me voy así, mi papá estará en peligro.
Hada forcejeó con desesperación, pero Otoño la tenía agarrada mientras seguía avanzando.
—Señorita Higareda, apenas logramos escapar. Si regresa ahora, el Señor Higareda estará en mayores problemas. ¿Y si Bosco la captura para amenazar al Señor Higareda para entonces? ¿Qué debería hacer el Señor Higareda? —convenció Otoño.
—Aun así, no puedo irme así nada más. Si no estoy allí, Bosco de seguro descargará su ira contra mis padres. En el peor de los casos, me casaré con Cleo. Haré lo que sea con tal de que el Castillo de la Media Luna deje marchar a mis padres.
Hada aún se resistía a marcharse.
—Señorita Higareda, no sea tonta. Aunque se case con Cleo, no dejarán marchar a los señores Higareda. El Castillo de la Media Luna se había ocultado durante tantos años, y ahora que están asediando el Palacio de la Nube Violeta, no van a cancelar su plan sin más —dijo Otoño mientras arrastraba a Hada hacia delante.
—¿Por qué? ¿Por qué las cosas han llegado a esto? —se lamentó Hada.
No entendía por qué las circunstancias en el reino secreto estaban sufriendo cambios tan drásticos.

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