Cierto, la flecha ya no exudaba la fuerte ola de aura. Sin embargo, justo cuando Jaime estaba a punto de agarrar la flecha, ésta empezó a vibrar aún con más violencia de repente. Un segundo después salió volando del cráneo y se alejó.
El esqueleto se desmoronó en el suelo justo después de que la flecha se desprendiera.
—¡No te escaparás! —Jaime ignoró el esqueleto que se desmoronaba y fue tras la flecha.
Como un rayo de luz, la flecha voló hacia uno de los picos más altos de la zona, y Jaime siguió persiguiéndola.
Cuando la flecha llegó al pico, de repente perdió velocidad. Por eso, Jaime la pudo agarrar.
La flecha estaba tan fría que Jaime casi la suelta en cuanto la tomó.
«Es cristalina y fría. ¡Es como si la flecha estuviera hecha de hielo!».
—Parece que esta flecha no tiene nada de especial. —Aparte del toque helado, Jaime no encontró nada especial en ella.
Jaime intentó entonces infundirla con su Fuerza Definitiva, pero la flecha seguía igual.
Justo cuando Jaime se sentía desconcertado, el suelo tembló de repente y escuchó una serie de rugidos bestiales que resonaron en el aire.
Jaime miró al instante desde la montaña y vio un ejército de fantasmas. Uno de ellos medía una docena de metros. Enseguida supo que el esqueleto gigante de momentos antes pertenecía al fantasma alto.
Ante los feroces y rugientes fantasmas, Jaime no pudo evitar estremecerse.
«Justo ahora, el ambiente en la zona era tranquilo. ¿Por qué se habrán sobresaltado?».
Confundido, Jaime miró al cielo. Se quedó estupefacto cuando vio que el agujero negro del cielo había desaparecido.
«¡Los fantasmas no tienen adónde ir! ¡No me extraña que se hayan vuelto violentos! Espera... ¿Qué hago ahora? ¿Adónde debo ir? Si el agujero negro ha desaparecido, ¿cómo voy a volver?».


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