Jaime permaneció en silencio. Un destello frío brilló en el fondo de sus ojos mientras apretaba con más fuerza la Espada Matadragones.
—¡Alto!
Cuando Yona estaba a punto de poner la mano sobre la cabeza de Jaime, y éste se disponía a contraatacar, un bramido interrumpió a Yona.
Yona se dio la vuelta a toda prisa y vio que Winsor y los demás lo habían alcanzado.
Al ver a los recién llegados, Yona se quedó un poco sorprendido. Jaime también se sorprendió.
Al principio, Jaime había planeado matar primero a Yona antes de ocuparse de Isaac. Ahora que Winsor y su grupo estaban allí, Jaime no era rival para ellos, aunque poseyera la Fuerza Definitiva.
«¡Maldita sea! ¿Estoy destinado a morir aquí?», Jaime no pudo evitar maldecir en su mente.
Al notar a Winsor, Yona retiró la mano y preguntó:
—Señor Lindor, ¿por qué está aquí?
—Yona, ¿estás tramando algo al dejar el grupo con Isaac y venir aquí? ¿O tal vez hay algún secreto que no quieres que sepamos? —preguntó Winsor con sorna.
—¿De qué está hablando, señor Lindor? ¿Qué secreto podría haber? Hemos venido a buscar a Jaime. Queremos matar a ese cabr*n para vengar a su hijo, señor Lindor. Si hay demasiada gente, me temo que Jaime se dará cuenta y se alarmará —se apresuró a explicar Yona.



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