—¿Estás bien, Winsor?
Huro se acercó al hombre, con cara de preocupación. Sin embargo, ni siquiera le dedicó una mirada mientras huía.
—Estoy bien. —Winsor sacudió la cabeza, consternado.
Sus posibilidades de vengarse eran nulas ahora que Jaime tenía a un Manifestador protegiéndolo.
—Ya que estás bien, creo que deberías cambiarte…
Huro señaló hacia los pantalones de Winsor.
Fue ahora cuando éste se dio cuenta por fin del calor húmedo que manchaba la zona de su entrepierna.
Sintiéndose incómodo, se apresuró a buscar un lugar donde cambiarse de ropa.
—¡Mi*rda! No puedo creer que ese vejestorio sea un Manifestador, ¡y que incluso proteja así a Jaime! ¿Quién demonios es Jaime? —maldijo Winsor.
—Yo estoy igual de confundido. ¿Desde cuándo existe un Manifestador? Pero, aun así, ese viejo monstruo es una máquina de matar, y aun así nos dejó marchar en vez de atacarnos. Es muy extraño —comentó Huro.
—¿Creen que ese vejestorio sólo estaba actuando? —Isaac intervino—. Podía habernos eliminado con un gesto de la mano, pero no lo hizo.
Yona se acercó en ese mismo momento.
—Eso es muy probable. Sé que un Soberano de Artes Marciales de Nivel Ocho puede conjurar la imagen de un Manifestador si activa con fuerza su energía marcial, pero sólo se parecería a un Manifestador. No tendría el mismo poder.
Winsor y Huro le lanzaron una mirada fría y no dijeron nada, pero Isaac tomó la palabra.
—Hablas como si no fueras el primero en salir corriendo de allí, Yona.
—Podría decir lo mismo del resto, así que ahórratelo —replicó Yona—. No creo que ese vejestorio sea un verdadero Manifestador. Tal vez sólo intentaba asustarnos.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)