Los ojos de Marilyn se enrojecieron de lástima y tristeza, pero se obligó a contener las lágrimas. Se sentó junto a la cama de Lauren.
—Señorita Lauren, dejemos a la Familia Bennett. Nunca se han preocupado por usted. Despídase de ellos por completo, y nos iremos a un lugar donde no puedan encontrarnos, a vivir tranquilas, en paz.
Lauren anhelaba eso, escapar de esta asfixiante casa, pero el pensamiento se desvaneció tan rápido como llegó.
«Si me fuera, la Familia Bennett no dejaría ir a Marilyn y la educación de Mia se vería afectada».
Ella se iría, pero solo después de casarse con el jefe de la Familia Brooker y conseguir los 1,4 millones. Entonces se llevaría a Marilyn y a Mia con ella. No podía decírselo a Marilyn, así que se quedó callada. Tenía los ojos hundidos, comía rápido, sin saborear nada. Marilyn insistió:
—Señorita Lauren, veo que ha terminado con la Familia Bennett. Quería irse el día que salió de prisión, ¿por qué dudar ahora? ¿La están amenazando?
Lauren se mordió el labio, evitando la mirada preocupada de Marilyn.
—No.
Su voz era débil, frágil como un susurro en el viento. Marilyn quería insistir, pero al ver la reticencia de Lauren, suspiró, con los ojos llenos de impotencia y amor.
A la mañana siguiente, la luz del sol se colaba por la ventana y calentaba la cama de Lauren. Después de una noche de descanso, tenía la cabeza más ligera y la mente más despejada. Se levantó de la cama, ansiosa por tomar aire fresco, pero cuando salió al pasillo, una voz familiar y melodiosa la detuvo.
Al levantar la vista, vio a Willow y Lucas caminando juntos, charlando y riendo. Willow llevaba un vestido blanco, su maquillaje sutil, un vendaje en la frente, en cada centímetro la delicada y pura flor que pedía protección. Al ver a Lauren, su sonrisa se endureció, el pánico brilló en sus ojos. Tembló, susurrando:
—Hermana.

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