Ola tras ola, recuerdos dolorosos asaltaban su mente, amenazando con hacerla estallar. Un ardor punzante le atravesaba el pecho, como una puñalada directa al corazón.
David, ese monstruo, había abandonado a su hija, la niña que llevó en su vientre y dio a luz con dolor, en un orfanato. En cambio, la había obligado a criar a Willow, una niña ilegítima.
Su riñón había sido extirpado y entregado a Sharon. El riñón de su propia hija fue extraído y dado a Willow.
Cuando descubrió la verdad e intentó confrontar a David, este la dejó ciega de un ojo.
La avalancha de recuerdos la abrumó, y su cuerpo tembló con espasmos violentos. Lauren la miró con frialdad, el ceño fruncido.
Alice se consumía de dolor al ver a Elliot y Willow cubiertos de sangre. Pero en su vida pasada, Lauren era la que cargaba con moretones y heridas, mientras que Alice dormía plácidamente, sin mostrar la menor emoción.
«Por supuesto. Ella nunca me quiso. Ni siquiera lo suficiente como para fingirlo».
Lauren dirigió una mirada glacial y desprovista de emoción hacia ella.
Al cruzar miradas con Lauren, Alice sintió un dolor agudo en el pecho. Aquellos ojos carecían por completo de calidez, esperanza o anhelo maternal.
Con manos temblorosas y una mirada inundada de dolor y culpa, extendió sus brazos hacia adelante.
«Me equivoqué. Sé que me equivoqué. Lauren… dame otra oportunidad. Por favor. Esta vez te lo daré todo. Todo mi amor. Eres mi verdadera hija, la verdadera heredera de la familia Bennett».
—Lauren…
Su voz apenas se escuchaba, tan débil que Lauren no logró entender sus palabras. Pero poco importaba. Nada bueno podía salir de su boca, seguramente las mismas acusaciones de siempre: ingrata, malvada, cruel. Ya estaba cansada de escucharlas, las conocía de memoria.
—Vamos, Félix. Debemos irnos. Si mamá no me ve pronto, se preocupará.
—Está bien.
Félix tomó la mano de Lauren y juntos se marcharon.
Alice, presa del pánico, trató de seguirlos, pero su cuerpo no respondía. Abatida, solo pudo verlos alejarse mientras sollozaba con un arrepentimiento impotente.
No habían avanzado mucho cuando Lauren divisó a la señora Shirley y a Víctor acercándose rápidamente.
La señora Shirley alzó a Lauren en sus brazos y la abrazó con fuerza.
—Cariño, ¡me has dado un susto de muerte! Déjame ver, ¿te has hecho daño en alguna parte?
Lauren negó con la cabeza.
—Estoy bien, mami.
La señora Shirley apretó la mandíbula con tanta fuerza que casi se rompió los dientes.
—¿Se atrevieron a ponerle la mano encima a mi niña? Parece que la familia Jackson quiere desaparecer de Buenavista.
—Mamá, no son solo ellos. Esos hermanos que vimos ayer en la tienda de ropa para niños… De alguna manera entraron en Palacio de las Nubes. Irrumpieron en el salón e intentaron pegarnos a Lauren y a mí.
Al instante, la señora Shirley se transformó en una madre osa lista para la batalla.

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