Mia se preocupaba por Lauren, y esta era consciente de ello. Durante los cinco años que pasó en prisión, ningún miembro de la Familia Bennett la había visitado. Solo Marilyn y Mia se habían tomado el tiempo de verla, lo cual le transmitía una sensación de calidez en un entorno adverso. Lauren era consciente de que eran buenas personas y sentía la necesidad de protegerlas. Dirigió una sonrisa a Mia:
—Te escucharé, Mia.
—¿En serio? —preguntó Mia, con un destello de sorpresa en sus ojos.
—Sí, en serio. —Lauren asintió.
«Antes de dejar a los Bennett, debo asegurarme de que Marilyn y Mia estén a salvo. No puedo permitir que Elliot las use nuevamente como moneda de cambio contra mí», reflexionó Lauren.
Posteriormente, cambió de tema para hablar sobre la vida escolar de Mia:
—Mia, ¿cómo van tus estudios?
—No están mal. Me otorgan una beca cada semestre.
Al ver su confianza, Lauren se sintió aliviada.
—Mia, ¿has pensado alguna vez en estudiar en el extranjero?
Mia hizo una pausa, con un destello de nostalgia en sus ojos.
«Pero… Mi familia no podía permitírselo. Mamá me tuvo cuando tenía cuarenta años, y mi padre había muerto cuando yo estaba en la escuela primaria. Mamá me había criado sola, luchando para llegar a fin de mes. Mamá ya había trabajado muy duro para pagarme la universidad. ¿Cómo me atrevía a soñar con estudiar en el extranjero?».
—No quiero.
Aunque sus palabras eran firmes, Lauren notó el cambio en sus emociones.
—Si, y repito, si, tuvieras la oportunidad de estudiar en el extranjero sin preocuparte por el dinero, ¿irías?
Lauren sonrió con amargura:
—Claro que sí. Pero ¿de dónde vendría esa oportunidad? Es solo un sueño.
Lauren se tranquilizó al escuchar esto. Si Mia quería ir al extranjero, sería más sencillo. Cuando recibiera el dinero, enviaría a Marilyn y Mia fuera del país. Mia podría estudiar y Marilyn cuidar de su hija, sin la influencia de Elliot.

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