Los ojos de Willow brillaron y una sonrisa retorcida se extendió por su rostro.
—¡Si ese es el caso, entonces perfecto!
«Con el cuerpo destrozado, no sobrevivirá bajo los retorcidos juegos de ese psicópata. Me ahorra la molestia de tener que lidiar con ella yo misma».
Se acercó a David, con voz baja y urgente.
—Papá, ¿cuándo piensas actuar? Solo asegúrate de que Elliot no se dé cuenta. Ya casi no se despega de Lauren. Si se entera, se volverá loco.
David se burló, haciendo un gesto desdeñoso con la mano.
—Lo tengo controlado. Tú mantén la boca cerrada y actúa como si no pasara nada.
Willow sonrió con malicia.
—No te preocupes. Me sentaré y esperaré a ver sufrir a Lauren, atrapada en las manos de ese degenerado, suplicando la muerte, pero obligada a seguir viviendo.
En el hospital, Lauren estaba sentada en silencio, mirando por la ventana. El sonido de unos pasos rompió el silencio cuando Alice y Marilyn entraron en la habitación. Al escuchar el ruido, Lauren giró la cabeza. Cuando su mirada se posó en Alice, su expresión se volvió fría e indiferente. Alice se acercó a su cama, se sentó y miró el rostro pálido de Lauren.
—Laurie, debes tener hambre. Te traje algo…
Lauren la interrumpió con frialdad:
—Tú no eres mi madre.
Alice se quedó paralizada, con el rostro rígido. El dolor se retorció en su pecho, pero se obligó a mantener la calma.
—Lo aceptes o no, soy tu madre. Eso es algo que nunca cambiará.
Lauren habló con firmeza:
—No lo eres. Me diste a luz, pero no me criaste. Ahora he pagado mi deuda cortándome un dedo y rompiendo los lazos contigo. Ya no eres mi madre.
Los ojos de Alice se enrojecieron al instante, las lágrimas brotaron y amenazaron con derramarse. Alice habló con voz temblorosa:
—Laurie… ¿De verdad me odias tanto? Dime… ¿Qué puedo hacer para que me aceptes?
Lauren permaneció en silencio. Nunca la aceptaría en esta vida. Al ver su silencio, el corazón de Alice se apretó, su voz temblaba mientras reprimía un sollozo.
—Laurie, por favor… ¿Puedes comer algo? Después de comer, puedes enfadarte conmigo todo lo que quieras.
Su tono era casi suplicante. Lauren habló en voz baja y firme:


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