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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 193

Si Alice no supiera nada, tal vez habría estado de acuerdo. Habría seguido adelante, confiando en el hombre que la estaba arruinando, pero ya no estaba despistada. Ahora sabía que David estuvo jugando con ella todos estos años, manipulándola, engañándola, destrozando su vida. ¿Y ahora quería usar su dinero para salvar a la hija que tuvo con otra mujer?

La furia se apoderó de ella como el fuego en sus venas. Su rostro se puso de un rojo intenso y furioso, y desprendió la energía peligrosa de un animal salvaje listo para atacar. Sin pensar, empujó su silla de ruedas hacia adelante y corrió hacia él. No dudó, su mano se alzó y golpeó su rostro con todas sus fuerzas.

—David, ¡eres un desgraciado! —gritó.

Su voz era ronca, como si cada palabra se le saliera de la garganta.

—Me mentiste por años. Me quitaste a mi padre, arruinaste a mi hijo, me arrebataste a mi hija. ¡Incluso me robaste un riñón! ¿Y ahora quieres que salve a tu hija con esa otra mujer? Eres más bajo que la tierra. Lo juro, ¡te mataré!

Arremetió, agitando los brazos consumida por la rabia. Ya no le importaba la dignidad ni el control, solo quería que él sufriera. Que sintiera, aunque fuera una fracción de lo que ella había tenido que soportar por su culpa. La habitación del hospital brillaba con una luz blanca, fría y penetrante, que le daba a todo un toque áspero, casi irreal.

Alice parecía desquiciada. Su cabello estaba enredado, su expresión salvaje. Sus ojos inyectados en sangre ardían de rabia mientras se abalanzaba sobre David. Sus manos se retorcían como garras, yendo a su rostro mientras maldecía con los dientes apretados.

—David, maldito desalmado, ¡se acabó! —gritó con la voz ronca y quebrada.

No solo estaba enfadada, estaba destrozada. Todo su mundo se había derrumbado. Durante treinta años, lo había amado mucho. Incluso cuando su hija desapareció a causa de su supuesto accidente, ella no gritó ni lo culpó. Solo lloró en silencio, noche tras noche, acurrucada en la oscuridad, dejando que el dolor se pudriera en silencio.

¿Qué hizo él con su amor? Lo quemó hasta los cimientos. Destruyó su hogar, la destrozó por completo y arrastró a su familia a la ruina.

«¿Cómo puede alguien hacer eso y mirarme a los ojos?».

David siseó mientras ella le arañaba el rostro. Intentó sujetarle las muñecas, pero ella no era la misma mujer que pensaba que podía controlar, era un huracán de furia. Apenas podía mantenerla alejada de él. Los arañazos abrían su carne, la sangre resbalaba de su rostro.

—Alice, ¿te has vuelto loca? —rugió.

Tenía pánico cuando ella se abalanzó sobre él con todas sus fuerzas.

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