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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 155

En aquel entonces, Willow se sentía realizada, disfrutando de ser el centro de atención. Mirarla ahora, calva, con las lágrimas corridas y hecha un desastre, era alguien diferente. Hace cinco años, era el centro de atención en su fiesta de graduación, la princesita a la que la Familia Bennett trataba como a la realeza. ¿Y ahora? El karma había cerrado el círculo.

Ni siquiera Willow pudo escapar de las esposas. Mientras los policías arrastraban a Kenneth junto a Lauren, le arrancaron el calcetín de la boca. Volteó hacia ella con total decepción.

—Lauren, ¿qué te ha pasado? Ya ni siquiera te reconozco. Estoy muy decepcionada. No esperes que te perdone con facilidad.

Lauren lo miró, con expresión tranquila, ojos como hielo vidrioso, tranquilos y cortantes. Todo lo que vio fue a un hombre hinchado de ego.

«¿De dónde sacó la idea de que necesito su perdón? Dios, es tan tonto que da pena».

Tratando de usar algo sin sentido para amenazarla. Ella dijo:

—Kenneth, ¿alguien te ha dicho alguna vez que eres como una peonía moribunda?

Pasó el dedo por una mancha de vino tinto en el mantel.

—Sigo intentando parecer elegante, pero el centro ya se ha podrido.

Había pasado cinco años arrastrándose por la oscuridad, con el cuerpo, roto pero el espíritu endurecido como el acero. ¿Y Kenneth? El tiempo había embotado sus sentidos y lo había dejado perdido en su propia estupidez.

Lauren giró la cabeza, negándose a mirarlo de nuevo. La forma en que lo hizo, tan desdeñosa, fue como si estuviera ahuyentando una mosca que no podía soportar. La garganta de Kenneth se movió como si estuviera a punto de decir algo, pero no salió nada. Esa última mirada que le echó se grabó en su memoria. En sus ojos, captó el reflejo de Félix, cada línea de su traje precisa y nítida, la tela descansando contra el hombro de Lauren.

Félix estaba allí, alto y sereno, con una presencia aguda e intimidante. Lauren podía parecer suave en el exterior, pero incluso entonces, su belleza destacaba. Los dos juntos; él fuerte y frío, ella elegante y feroz, parecían estar hechos el uno para el otro. Y todo lo que Kenneth podía sentir era celos que se arrastraban por su pecho como una serpiente que lo masticaba desde adentro.

«Yo conocí a Lauren primero. Entonces, ¿por qué Félix está a su lado ahora?».

Ya no importaba, ningún arrepentimiento cambiaría nada ahora. Todo lo que podía hacer era dejar que la policía se lo llevara.

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