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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 119

La Universidad de Punta Norte: el sueño de millones, el pináculo de la excelencia académica. Innumerables estudiantes lucharon por un lugar, muchos fracasando en el camino. Sin embargo, Lauren, la hermana a la que siempre había malinterpretado, rechazado y despreciado, había conseguido una oferta de esa prestigiosa universidad.

La mano de Elliot buscó sin control la carta de aceptación, como si estuviera tocando algo precioso y frágil a la vez. Cuando sus dedos rozaron el papel, una sacudida recorrió su cuerpo, como si le hubiera golpeado una oleada de electricidad. Los recuerdos inundaron su mente por completo. La forma en que dejó que las acusaciones de su familia se acumularan sobre ella. Su conmoción en el tribunal cuando él testificó contra ella. Su fría indiferencia mientras ella se pudría en la cárcel.

Cada recuerdo era una espada que le atravesaba el corazón. Respiraba con dificultad, el pecho subía y bajaba rápido, como un hombre ahogándose en busca de aire. El mareo se apoderó de él, su visión se volvió borrosa y sus ojos se enrojecieron.

—La arruiné… Destruí su vida con mis propias manos…

Su voz era ronca, apenas un susurro, las lágrimas brotaban y se derramaban, resbalando por sus mejillas y goteando sobre la carta, manchando el papel nítido. El arrepentimiento y la culpa se reflejaban en su rostro, su cuerpo se hundió en la silla, agotado de todas sus fuerzas. Miró al frente, perdido, como si el mundo se hubiera derrumbado a su alrededor. La culpa lo abrumaba, más de lo que jamás había imaginado.

Los certificados, la carta de aceptación, cada uno era un crudo recordatorio de lo que le había robado, una prueba irrefutable del daño que nunca podría deshacer. Elliot respiró hondo, obligándose a permanecer consciente y evitar derrumbarse. Tardó de estabilizar su respiración. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, con los dedos aún temblorosos.

Mientras se movía para volver a colocar la carta de aceptación en el cajón. En la esquina, escondido debajo de algunos papeles, había un pequeño y gastado diario. Su mano se cernía sobre él. Estaba atrapado en un momento de intenso conflicto. Una voz en su mente le dijo que se detuviera. Leerlo solo traería más dolor y arrepentimiento. Pero otra voz, llena de curiosidad con, con la necesidad de entender a Lauren, de ver lo que nunca le había importado, lo empujó hacia adelante.

Su mano parecía tener su propia mente, ya que tomó el cuaderno sin control. Al abrirlo, lo primero que vio fue una foto familiar. En la foto, sus padres estaban sentados en el centro, sonriendo. Su madre sostenía a Berry, su querido perro, que había vivido dieciocho años antes de morir.

Cuando Berry murió, la familia se sumió en la tristeza e incluso le hicieron un funeral especial. Su dolor era tan profundo que nunca volvieron a tener otra mascota. Incluso ahora, la habitación de Berry seguía intacta, conservada con todos sus juguetes favoritos.

Junto a sus padres, Elliot estaba a un lado, mientras Willow se aferraba al brazo de su madre al otro. La familia perfecta, los cuatro parecían tan felices juntos. Y Lauren… Estaba apartada, separada de él por un espacio vacío.

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