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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 118

Elliot se sentó en silencio, con el corazón lleno de amargura. Parecía que no iba a comer su avena después de todo.

—Entonces tráeme mi medicina para el estómago.

La sirvienta parecía inquieta y dijo con inquietud:

—Señor Elliot, no sabemos dónde se guarda su medicina, ni cuál toma. Marilyn siempre era la que se encargaba de ello.

Elliot sintió un dolor agudo en el estómago que aumentó. Se alzaba como un implacable maremoto, abatiéndose sobre él, asfixiándolo. Sin otra opción, se acurrucó en el sofá, con las manos apretando su abdomen, una mirada de angustia grabada en su rostro. La sirvienta suspiró en silencio, tomó el tazón de avena y salió de la habitación. El silencio volvió a llenar el espacio…

Elliot permaneció acurrucado, con la mirada en blanco y desenfocada, Sin avena, sin medicinas. Lo único que podía hacer era soportar el dolor, esperando a que pasara. El tiempo se difuminó. Cuando el dolor disminuyó, había caído la noche. Elliot se incorporó con sus débiles brazos y bajó las escaleras. Toda la casa estaba en silencio, sus padres se habían ido a la cama hace tiempo.

Entró en la cocina y se sirvió un vaso de agua tibia. El calor le bajó por la garganta y le recorrió el estómago, aliviando parte de las molestias. Permaneció allí de pie durante mucho tiempo, perdido en sus pensamientos. Al final dio un paso, en lugar de regresar a su habitación, se dirigió hacia el almacén.

Al abrir la puerta, una ola de aire húmedo lo golpeó de inmediato. El olor a humedad contenía una mezcla de moho y antigüedad. Elliot frunció el ceño. Después de adaptarse al olor por un momento, entró, sus ojos escudriñaron el espacio antes de posarse en un viejo escritorio de madera en la esquina.

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