Capítulo 34 Alexis presionaba con fuerza la cabeza de Vanessa hacia abajo, impidiéndole incorporarse. Sus rodillas, que apenas empezaban a sanar, le dolían tanto en ese momento que le hacían castañear los dientes.
—Alexis —Vanessa habló con ronquera, como si le costara salir de su garganta—, le prometiste a mi papá que me cuidarías. ¿Y ahora es así como me pisoteas?
Al escucharla, la expresión de Alexis vaciló y la fuerza de su agarre disminuyó considerablemente.
Al ver aquello, Natalia se apresuró a intervenir:
—Vane, mi hermano te ha cuidado y querido todos estos años. Si no estás satisfecha, es cosa tuya, pero usar al difunto señor Francisco para presionarlo me parece demasiado.
Alexis siempre había detestado que ella mencionara a su padre; lo hacía sentir presionado.
Si no fuera porque su abuelo adoraba a Vanessa, por los años de relación que tenían y porque ella solía serle tan obediente, tal vez ya se habría separado de ella hacía mucho tiempo.
—¡Cállate! —Al escuchar a Natalia mencionar a su padre, Vanessa estalló en furia y levantó su mirada —. No tienes derecho a mencionar a mi padre, me das asco.
—¿Tanto me odias? Alexis, mírala, en serio no me soporta. Si lo hubiera sabido, mejor no regresaba para no causar tanto odio —dijo Natalia bajando la mirada con tristeza, como si estuviera a punto de romper a llorar.
A Alexis se le partió el corazón al verla así y, en un arranque de ira, volvió a presionar la cabeza de Vanessa con fuerza.
—No tienes remedio. Discúlpate, y no te levantes hasta que Nati te perdone.
—Suéltame... —suplicó Vanessa mientras forcejeaba.
Mientras más luchaba ella, más fuerza aplicaba él, como si quisiera hundirle la cabeza en el suelo.
Sentía que el cuello se le iba a romper. En ese momento, Vanessa lo odió con toda su alma. Ese era el hombre al que había amado durante cinco años y, una vez más, no dudaba en lastimarla por su supuesta hermana.
—Arrodíllate y discúlpate —sentenció Alexis, manteniéndola sometida sin que sus esfuerzos sirvieran de nada.
Natalia observaba el forcejeo con una sonrisa maliciosa oculta tras su cara delicada. Al ver el termo sobre la mesa de noche, una idea perversa cruzó por su mente.

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