Capítulo 206 —Cuando el señor Rafael llegue y vea a la señora tan atareada, con semejante banquete, seguro se sirve doble.
Vanessa caminó hacia la cocina y respondió con una sonrisa:
—Son cosas sencillas, de casa. Nada más espero que le gusten.
—¿Cómo no le van a gustar? Si es usted quien lo hace, aunque fuera agua, el señor diría que sabe a miel.
Vanessa no supo si reír o molestarse.
En la mansión, de todos los empleados, Juana era quien llevaba más tiempo con Rafael. Era quien mejor lo conocía y quien más confianza se había ganado.
Vanessa calculó que Rafael estaba por llegar y empezó a servir la comida. Entonces, la figura apuesta de Rafael apareció en el comedor y le hizo una seña a Juana para que guardara silencio.
Miró los platos y el caldo sobre la mesa, y luego a la silueta delgada que daba la espalda al comedor, ocupada en la cocina.
Sonrió, algo se despertó en su mirada y dio un paso hacia la cocina. En un momento llegó por detrás de Vanessa y la rodeó por la cintura.
—¿Y eso? ¿Hoy te pusiste a cocinar tú? —Su voz grave le rozó la oreja—. ¿Tan contenta? ¿Pasó algo bueno?
La postura era intima y sugerente. Juana sonrió más que nadie. Sin querer estorbar, se escabulló para no interrumpir a la pareja. Vanessa se sobresaltó y volteó a verlo.
—Me asustaste. ¿Cómo caminas sin hacer ruido?
—Estabas demasiado concentrada en lo que hacías.
Vanessa le dio unas palmadas en la mano y dijo, incómoda:
—Ten cuidado, que hay mucha gente en casa.
Desde lo que había pasado aquella vez, Vanessa se había acostumbrado a ese tipo de contacto.
Quizás porque ya había aceptado su condición de esposa, y ya no le costaba resistirse a esas muestras de cariño.
Aunque lo más lejos que habían llegado era un beso. Más de dos meses, y sin dar el siguiente paso...
—¿Falta algo? Yo lo hago.
Rafael le dio un beso en el cabello y la soltó.
—Ya está todo. Ve a lavarte las manos, ya podemos comer. Yo saco los platos.
—Yo lo hago.

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