Capítulo 18 Rafael mantuvo su mirada intensa clavada en ella, que se veía bastante confundida.
Después de un momento, sus labios se movieron para decir algo.
—Es un par de...
Pero el resto de la frase se perdió por el sonido repentino de un celular. Vanessa no alcanzó a escuchar el final.
Afuera, las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.
—Tengo que contestar, tú descansa —le dijo él.
Aunque su voz seguía siendo suave, en el fondo de sus ojos oscuros apareció un brillo extraño.
Solo asintió.
Rafael se alejó hacia el final del pasillo de la clínica y contestó la llamada:
—Dime.
La amabilidad de antes desapareció; ahora su expresión era severa y cortante.
Ricardo se escuchaba muy molesto del otro lado de la línea:
—Señor Cisneros, ya revisamos las cámaras del restaurante. Por lo que ese tipo, Mauricio, le hizo а su esposa, que se le haya roto la pierna es poco para lo que se merece.
Rafael tomó el celular y abrió el video. Al verlo, su cara se puso tensa, como si se acercara una tormenta.
—Si en la familia Estrada no saben educar a su hijo, yo me voy a encargar de hacerlo.
Colgó y guardó el celular en el bolsillo. Su mirada bajó hacia el reloj que llevaba en la muñeса izquierda. La esfera negra tenía un diseño de estrellas y galaxias que brillaba bajo la luz; era el par del que llevaba Vanessa.
Sonrió y ese aire serio que tenía hace un momento fue reemplazado por una actitud de cariño.
Después de cinco años, ese regalo que no pudo entregar en su momento, por fin estaba donde debía.
***
Rafael se quedó a cuidarla durante toda la noche.
Después de desayunar ligero, Vanessa durmió un rato más hasta que el sonido de su celular la despertó. Era Bianca.
—¡Te mandé muchísimos mensajes, ¿por qué no me contestas? ¿Te enojaste conmigo porque te mandé ese video o por el regalo de bodas que te envié? —continuó Bianca..
El cuarto estaba en silencio, así que la voz de su amiga se escuchaba a través del auricular.
Al darse cuenta de que Rafael estaba ahí sentado en el sofá, Vanessa sintió que la cara le ardía. Se aclaró la garganta.
—Me dormí temprano, no es lo que estás pensando.
Bianca respiró aliviada. No tenía idea de que su amiga estaba en el hospital y Vanessa prefirió no decirle nada para no preocuparla, ya que Bianca estaba fuera del país.
—Y dime —preguntó su amiga con tono de burla—, ¿si te gustó el regalo de bodas?


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