Capítulo 139 Ese era el punto débil de Vanessa.
Por mucho que detestara a Alexis, no le quedaba más remedio que estarle agradecida por haberle salvado la vida en el pasado.
Vanessa sintió un dolor intenso.
Alexis supo que ella dudaba y continuó:
—Tómalo como mi última oportunidad, Vanessa, en serio, te amo...
Vanessa respiró hondo. Su expresión era indiferente y su voz sonaba un tanto apagada:
—Está bien, si quieres hablar, lo haremos después de la fiesta de cumpleaños de la señora Magdalena.
—Hecho —aceptó Alexis.
Su tono mostraba alegría; al parecer, no tenía ni idea de que ella aprovecharía esa ocasión para anunciar públicamente la cancelación de su compromiso.
A Vanessa no le apetecía enredarse con ese tema, así que colgó.
Al día siguiente era la fiesta de cumpleaños.
Esa misma noche, Rafael regresó temprano. Al entrar a la recámara, Vanessa acababa de salir de bañarse y lo miró con sorpresa.
—¿Cómo es que llegaste tan temprano hoy, no tenías compromisos?
Vanessa se secaba el cabello mojado con una toalla mientras daba unos pasos hacia él, preguntándole con naturalidad y calma.
—Te dije que trataría de volver temprano para estar contigo, y no me atrevería a romper mi promesa. Sé muy bien que eres muy rencorosabromeó Rafael, clavándole la mirada.
Sus mejillas tenían ese tono sonrosado típico de después de un baño, haciéndola ver tan atractiva que invitaba a perderse en sus pensamientos.
Rafael pasó saliva con disimulo; en la profundidad de su mirada se agitaba una emoción indescifrable.
Vanessa no se dio cuenta. Mientras seguía secándose el cabello, sacó la secadora de un cajón y se sentó en el sofá al pie de la cama, lista para peinarse.
De pronto, sintió el roce de unos dedos cálidos contra los suyos.
Rafael le quitó la secadora de las manos, y su voz agradable resonó en la habitación:
—Yo lo hago.
Vanessa se quedó pasmada y levantó la mirada hacia él.
El aire tibio de la secadora le acarició las mejillas; una brisa muy reconfortante le rozó la cara, levantando los mechones de su cabello a medio secar.
Rafael estaba de pie a su lado. Sus facciones marcadas y apuestos rasgos irradiaban una ternura consentidora.
—Solo cierra los ojos y relájate.
Sin saber muy bien por qué, Vanessa le hizo caso y cerró los ojos.


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