Capítulo 133 —Sí, me descubriste —dijo Rafael sonriendo. La miró fijamente a los ojos sin apartar la mirada en ningún momento—. No te diste cuenta tan tarde, no eres tan ingenua. Aún tienes salvación.
A Vanessa se le aceleró el corazón.
Casi se lo toma en serio.
Por suerte, entendió que solo estaban bromeando y logró calmarse.
Al levantar la mirada y encontrarse con esos ojos profundos, arrugó la frente a la defensiva.
—No soy nada ingenua, eh.
Rafael, que estaba de pie junto a la cama, se inclinó un poco y acercó su apuesta cara a la cara de ella.
—Tomaste a un patán como si fuera un gran tesoro, fuiste muy dura contigo misma, dudaste de ti a cada rato... ¿eso no es ser ingenua?
Levantó la mano y le dio un suave golpecito con el dedo en la frente.
El movimiento fue muy ligero, más bien como si estuviera jugando con ella.
La luz proyectaba sombras sobre su cara, ocultando un poco sus emociones, pero aun así, Vanessa podía sentir el cariño en su gesto.
Vanessa se frotó la frente quejándose del dolor y le contestó con rebeldía:
—Eso solo demuestra que soy muy leal. Pero alguien como tú, que nunca ha tenido pareja, no lo entendería.
La mirada de Rafael perdió brillo por un segundo.
Tener una relación y amar a alguien eran cosas muy diferentes.
Lo primero significaba que podías estar con cualquiera sin amarlo, ya fuera por atracción física, por puro interés o por simple soledad.
Pero el amor era distinto.
Amar a alguien significaba que en tu mente y en tus ojos solo existía esa persona.
Nadie más podía reemplazarla.
Al notar que el ánimo de Rafael decayó, a Vanessa se le detuvo el corazón.
—Perdón, no era mi intención burlarme de ti...
Se apresuró a explicarse, sintiendo que tal vez se había sobrepasado.
Rafael se rio.
—Si en serio te sientes tan culpable, entonces sal conmigo.
Vanessa solo pensó que estaba bromeando.
Al ver que no estaba enojado, suspiró aliviada.
—Rafael, si usas ese truco con otras mujeres, te aseguro que funcionaría a la perfección.
La mirada de Rafael se volvió cortante y arrugó la frente.
—Ninguna otra vale la pena.
Esas palabras eran demasiado fáciles de malinterpretar.
Las mejillas de Vanessa se sonrojaron un poco, y su corazón se aceleró de nuevo.

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