—Se supone que hoy te ibas a casar con Vanessa, ¿no? ¿No te da miedo que se enoje si no vas?
—Todo el mundo sabe que ella no puede vivir sin él. Aunque sepa que no fuiste por estar con Nati, no se va a atrever a reclamarte.
—Exacto. Vanessa no es tan importante como Nati; Alexis la ha cuidado desde que eran niños...
Ellos hablaban de Natalia Cisneros, ella era como una hermana para Alexis.
Vanessa León estaba parada frente a la puerta del salón privado y sintió que se le helaba la sangre. Ese era el tipo al que había amado por años; alguien que no valía la pena. Apretó los puños con tanta fuerza que le crujieron los huesos, pero el dolor no se comparaba ni un poco con el vacío que sentía.
Tomó aire profundamente y abrió la puerta.
¡Pum!
El alboroto del salón se detuvo y el lugar quedó en silencio.
—Vanessa... —exclamaron varios, sorprendidos.
La mujer que apareció en la entrada era de piel clara, atractiva y de piernas largas. El vestido rosa resaltaba su cintura y llevaba el cabello recogido con un estilo sencillo que la hacía lucir encantadora. Sin embargo, en ese momento su mirada tenía un objetivo claro. Recorrió a Alexis y a Natalia con la mirada y soltó una carcajada sarcástica.
—¿Así que esta es la razón por la que no pudiste ir al registro civil?
Él pareció sentirse culpable y se acercó.
—Podemos ir a hacer oficial nuestro matrimonio en cualquier momento. Nati acaba de llegar del extranjero y, como su hermano, lo mínimo que podía hacer era organizarle una bienvenida.
—Solo hay un aniversario de novios al año —respondió ella con una sonrisa burlona—, ¿en serio no te importa? ¿No sabes que si no lo hacemos hoy, tendremos que esperar hasta el próximo año?
Lo habían planeado juntos: querían que la fecha de su aniversario se convirtiera en la de su boda. Pero era obvio que él no tenía intenciones de oficializar su matrimonio con ella. A la que quería era a Natalia, su amiga de toda la infancia.
Tal vez al notar lo extraño, Alexis intentó tomarla del brazo.
—No empieces con lo mismo. Regresando a casa te explico todo.
Vanessa se soltó de un movimiento brusco. En ese momento, Natalia intervino.
—Perdón, fue mi culpa. No sabía que hoy tenían lo del registro —dijo bajando la cabeza, con un tono tan apenado que parecía que ella era la víctima.
Como siempre le había tenido resentimiento, no le respondió. Natalia levantó la mirada con los ojos llorosos, viéndose muy frágil.
—Por favor, perdóname. En serio les deseo lo mejor a ti y a mi hermano.
—¿Lo mejor? —Vanessa soltó un resoplido de fastidio—. ¿Podrías dejar de actuar? Si en serio nos desearas algo bueno, ni siquiera hubieras vuelto.
La expresión de Alexis se endureció.
—No seas tan grosera.
—¿Qué? ¿Te molestó que hablara de tu “cariñito”? —preguntó ella, mirándolo como si fuera un extraño.
Él ya lucía bastante molesto y le reclamó en voz baja:
—¡Ten cuidado y no digas estupideces!
Vanessa notó lo mucho que protegía a su supuesta hermanita. Si tanto quería defenderla, ella le daría el gusto.

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