Piero sacó una tarjeta de su billetera y la colocó frente a su hermana. "Toma esta tarjeta y úsala como quieras."
Donia, sosteniendo el menú y a punto de pasárselo a Piero, fue sorprendida por la tarjeta que él le extendía.
Levantó la mirada hacia él, su rostro lleno de interrogantes.
Piero tosió y dijo, "Si necesitas dinero, solo dímelo."
Donia frunció los labios.
¿Acaso parecía que necesitaba dinero?
¡Ella solo estaba tratando de gastar lo menos posible!
Presionando su frente, dijo con cierta resignación: "No lo necesito."
Luego, sin prestarle más atención, pidió cuatro platos y una sopa antes de devolver el menú al mesero.
Piero, al ver que su hermana rechazaba su oferta, se sintió emocionalmente afectado. Si hubiera sido Alexa, probablemente habría aceptado la tarjeta con alegría y se habría ido a gastar sin pensar.
Donia no tenía idea de lo que Piero estaba imaginando, pero viendo su expresión algo tonta, no pudo evitar sacudir la cabeza.
Con esa actitud tan ingenua, ¿cómo había conseguido llegar tan lejos en el mundo del espectáculo?
¿Acaso había hecho trampa?
"Piero, puedes quitarte la mascarilla. Este lugar es muy privado, no tienes que preocuparte por ser reconocido." Donia le dijo al ver que aún la llevaba puesta.
Piero volvió en sí y se dio cuenta de que aún no se había quitado la mascarilla.
Después de guardarla en el bolsillo de su camisa, preguntó con curiosidad: "Hermanita, ¿cómo encontraste este lugar? ¿Quién es ese Abraham del que hablaba el mesero?"

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