Piero estacionó el carro y al acercarse a la entrada, se sorprendió al ver la decoración exterior, "Este lugar sí que tiene su encanto."
Tenía un aire antiguo, y hasta su nombre, el Jardín de Salud, evocaba tiempos pasados.
Donia levantó una ceja, "Se especializan en platillos medicinales, y la verdad es que están bastante buenos."
"Es la primera vez que escucho de este tipo de cocina, ¿platillos medicinales, cocinados con hierbas?" Piero preguntó con curiosidad.
"Sí, todo es cocina nutritiva, vamos, entremos." Donia dijo mientras ya se adentraba en el lugar.
Piero la seguía de cerca, mirando a su alrededor y manteniéndose alerta por si alguien lo reconocía.
Pero una vez dentro, se dio cuenta de que sus preocupaciones eran innecesarias. Los comensales estaban separados por biombos y no había mucha gente.
El mesero que vino a recibir a Donia ya había sido informado por una llamada de Abraham, y los recibió con mucho respeto, conduciéndolos a una sala privada.
Al traer el menú para que Donia ordenara, su expresión cambió completamente al ver los precios. Acto seguido, sacó una tarjeta de su bolso y se la mostró al mesero, "Tengo esta tarjeta, ¿qué tanto se puede aplicar?"
Se la había dado Abraham la última vez, insistiendo en que la aceptara. Menos mal que lo hizo, de lo contrario hoy la cuenta sería astronómica.
¡Los precios eran exorbitantes!
El mesero miró la tarjeta de Donia y al escuchar su pregunta, se quedó petrificado, sin saber qué decir.

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