En cambio, a cualquier mujer de clase media que le pareciera fácil de manipular, le daba sin asco. De hecho, en su otra vida, si la cara de Soledad no hubiera quedado desfigurada causándole repulsión a Bruno, seguro él habría intentado abusar de ella también.
—Hermosa, toma. Esta bebida casi no tiene alcohol —le dijo Bruno pasándole un vaso.
Jazmín lo aceptó con calma.
Tomando en cuenta que Ximena acababa de perder una jugosa parte de las acciones por su culpa, seguramente ya le había susurrado a Bruno que le diera un escarmiento. Era la oportunidad perfecta para fingir ignorancia y hundir al maldito de Bruno primero.
Jazmín levantó la copa, sentada tranquilamente en un sillón apartado del bullicio.
De pronto, alguien del grupo preguntó:
—Oye, Ximena, ¿el señor Herrera vendrá esta noche?
—Sí, Patricio está por llegar —aseguró con una sonrisa dulce.
Como si lo hubiera invocado, Patricio cruzó la puerta de inmediato. El ruido cesó de golpe; todos los presentes, con un respeto casi religioso, se pusieron de pie a saludarlo.
—Señor Herrera.
—Qué gusto tenerlo por aquí.
Ninguna de las familias de los invitados le llegaba a los talones a la familia Herrera, y todos sabían su lugar.
...
Jazmín puso el vaso en la mesa y sacó el celular de su bolso. Entró a WhatsApp para mandarle un mensaje a Patricio; ya tenía claro en qué locación exacta iba a utilizarlo esa noche.
[Patricio... estoy de acuerdo con el lugar que sugeriste para esta noche. En el Hotel Jardines del Valle, en tu suite presidencial...]
[Por favor, deja de atormentarme de esta manera, no me destruyas...]
El Hotel Jardines del Valle pertenecía a los Herrera, así que Patricio y Ximena tenían suites permanentes justo una al lado de la otra. Por el cumpleaños de Ximena, era tradición que Patricio se hospedara esa noche, aunque en cuartos separados. Jazmín pensó que tener su revolcón ahí mismo, junto a la puerta de su hermanastra, agregaría muchísimo más morbo al asunto.


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