Patricio subió la ventanilla del auto con el rostro ensombrecido. En la misma noche del cumpleaños de su prometida, tenía que esconderse de ella para acostarse con Jazmín.
—Quina, ¿te duele mucho? —preguntó Soledad, con los ojos llenos de compasión.
Era la primera vez de Jazmín, y con la evidente diferencia de estatura y complexión entre ella y Patricio, mentiría si dijera que no fue difícil soportarlo.
Jazmín negó suavemente con la cabeza y consoló a Soledad en voz baja:
—Estoy bien, este dolor no es nada para mí.
El verdadero dolor fue cuando Ximena la arrojó desde la azotea hacia su muerte, cuando vio a sus seres queridos morir frente a sus propios ojos. Comparado con ese dolor desgarrador y asfixiante, la incomodidad de acostarse con Patricio era insignificante.
—Quina, si la abuela nos viera desde el cielo, creo que más que buscar venganza, preferiría verte vivir en paz y ser feliz.
Jazmín bajó la mirada en silencio. Después de un largo rato, levantó la cabeza para mirar a Soledad:
—Lo sé, Sole, sé que la abuela no querría esto. Pero no puedo dejarlo pasar. Si no destruyo a Ximena, si no me vengo, jamás podré vivir tranquila.
Tanto Soledad como ella eran niñas abandonadas que su abuela había acogido. Como no tenían familia, las crió juntas como si fueran hermanas de sangre. Soledad era la mayor, y ella la menor.
Cuando Ximena la acosaba sin piedad, Soledad estaba estudiando en una universidad de otra ciudad. Aun así, Ximena tampoco la dejó en paz. Por suerte, Soledad logró sobrevivir de milagro. Pero su rostro quedó arruinado.
Tras renacer en el cuerpo de Jazmín, lo primero que hizo fue buscar a Soledad.
Habían crecido juntas y se conocían mejor que nadie, así que Soledad le creyó sin dudar. Tras el reencuentro, le consiguió una nueva identidad y la hizo entrar a trabajar como empleada doméstica en la casa de la familia Mendoza, para tenerla a su lado.
Jazmín extendió la mano para acariciar el rostro de Soledad:
—Sole, ahora tengo dinero, podemos arreglar tu rostro...
Soledad negó con la cabeza:
—Por ahora no. Temo que Ximena me reconozca y te cause problemas. Lo veremos después.

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