Finalmente, solo quedaba yo para volver a casa sola. Miré a Mariana con una sonrisa apenada: —No te preocupes, pediré un auto yo misma.
—Está bien...
—Mmm, ¿y tú? Es muy tarde, no... no es seguro que vayas sola —aunque apenas podía mantener los ojos abiertos por la borrachera, me preocupaba por ella.
—Mi hermano viene por mí, no te preocupes —respondió Mariana.
—Ah, qué bueno... —murmuré antes de desplomarme en el sofá.
Vagamente noté cómo mis amigas se iban marchando. Sofía se había quedado dormida en el baño después de vomitar; su cuñada vino a buscarla y se la llevó con ayuda de los meseros.
No sé cuánto tiempo dormí hasta que alguien me sacudió el hombro.
—María, llegó mi hermano y debo irme. ¿Quieres que te llevemos? —me despertó Mariana.
Aunque después de la siesta estaba más confundida, igual me negué: —No... no hace falta... vivo cerca.
En eso sonó el celular de Mariana. Escuché que contestaba y una voz masculina familiar preguntó: —Mariana, ¿dónde estás? ¿Estás muy borracha?
—En el privado Elite, pregúntale a los meseros y te indican.
Después de colgar, Mariana se despidió: —Bueno María, ¿me voy?
—Sí, adiós... ¡y gracias, muchas gracias! —aún recordaba agradecida su ayuda.
Cuando Mariana se fue, noté que quedaban dos chicos guapos, aparentemente más sobrios que yo.
—Hermosa, ¿podrás volver sola?
—Sí, pueden irse...
Con la mirada perdida y expresión atontada, murmuré: —¿Qué haces aquí...? ¿También viniste a celebrar mi cumpleaños?
Me miró con expresión sombría y un aura gélida, completamente diferente al Lucas que recordaba.
—¿Cuánto bebiste? ¿Aún puedes reconocerme? —preguntó con sarcasmo.
Negué con la cabeza balbuceando: —No... no eres él... tan malhumorado... creo que bebí demasiado, ya confundo a la gente...
—¿Con quién me confundiste? —preguntó aquella voz.
—Aunque te lo diga no lo conocerías... —me hundí en el sofá, levantando débilmente la mano antes de dejarla caer—. Es el hombre más carismático, apuesto y de mejor familia que he conocido... ninguno de ustedes... juntos merece compararse con él...
La figura se sentó a mi lado y pareció esbozar una sonrisa, su aura fría y amenazante disminuyendo.
—¿Ah sí? ¿Y cómo se llama?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De novia abandonada a amada del magnate
Me gusto mucho muy bonita historia...
no se puede leer este capitulo...