Cuando se abrió la puerta, mi sonrisa se desvaneció al instante al ver quién entraba. ¡Era Antonio! Miré a mis amigas molesta: —¿Para qué lo invitaron? Solo viene a arruinar todo.
Sofía sonrió: —Lo invité para que vea lo bien que la estás pasando sin él —Se acercó a Antonio y, ignorando su cara de disgusto, lo provocó—: Señor Martínez, como puede ver... María tiene muchos pretendientes, así que ni piense en volver con ella. ¡Déjela en paz!
Me sentí satisfecha, el advertencia de mi amiga era necesaria.
Antonio frunció tanto el ceño que podría haber aplastado un mosquito, su rostro sombrío parecía gotear veneno mientras me miraba con severidad: —María, ¿así te desvalorizas? ¿Qué crees que eres?
Sonreí mostrando la banda roja, con mirada soñadora y radiante: —¡Soy una reina!
La expresión de Antonio se volvió indescriptible. El privado quedó en silencio repentino, todos los presentes lo miraban fijamente.
Sofía, actuando como celestina, bromeó: —¡Vamos a cortar el pastel! Señor Martínez, si gusta puede quedarse a probar un pedazo... después de todo, será el último pastel de cumpleaños de María que probará.
Implicando que sus caminos se separarían definitivamente, sin más encuentros futuros.
Antonio apretó los dientes y los puños, podía ver que estaba hirviendo de rabia: —María, Isabel está en terapia intensiva al borde de la muerte... ¿y tú aquí celebrando tu cumpleaños como una cualquiera rodeada de hombres? ¿Te parece apropiado?
Me preguntó con dolor y furia, pero permanecí impasible y solo respondí: —Si es así, ¿por qué no estás en el hospital cuidándola?
Antonio se quedó sin palabras. Bajé la mirada y empecé a cortar el pastel.
Mariana, muy oportuna, rompió la tensión untándome crema en la cara. Todos captaron la idea y se unieron a la guerra de crema, sin dejar a nadie a salvo.
—María, ¿llamo un taxi o un conductor designado? —preguntó Mariana sacando su celular.
Medio mareada, haciendo un esfuerzo por mantener la lucidez, pregunté a Sofía, Alicia y las demás: —¿Ustedes tampoco trajeron auto?
—Mi cuñada viene... —Sofía no terminó la frase cuando corrió al baño con náuseas.
—Mi chofer vendrá por mí, Beatriz y las demás se van conmigo... —balbuceó Alicia.
Las demás mencionaron que sus novios o los choferes de sus padres las recogerían.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De novia abandonada a amada del magnate
Me gusto mucho muy bonita historia...
no se puede leer este capitulo...