Antonio alzó la mirada hacia mí, nuevamente sorprendido. ―María, realmente has cambiado. En solo dos meses, pareces una persona completamente diferente.
―¿Tú crees? Deberías felicitarme por mi renacimiento. Por fin dejé de ser una idiota a la que todos podían manipular.
Estos meses de cambios drásticos y golpes consecutivos fueron como un renacimiento entre las llamas para mí.
Agradezco haber sobrevivido, y que tanto mi vida personal como profesional hayan alcanzado un nuevo nivel.
Si hubiera sido un poco más débil, un poco más ingenua, seguramente me habría consumido en esas llamas, sin la oportunidad de estar aquí escuchando sus tonterías.
Los tres Martínez me miraron fijamente, sin palabras.
Suspiré, guardando cuidadosamente el acuerdo de divorcio mientras me giraba. ―Cuídate, te espero en el registro civil.
Al abrir la puerta para salir, Antonio habló nuevamente.
―María, voy a ayudar a Mariano.
Me volví sorprendida.
―¿Ahora la enfermedad te afectó el cerebro? ¿Qué beneficio obtienes ayudando a los Navarro? ―pregunté confundida.
Sorprendentemente, Antonio respondió: ―Lo hago por ti.
―¿Qué?
―Estás cegada por la ira y no te das cuenta de lo que haces. No quiero que te arrepientas en el futuro. Me haré cargo de tus errores para que cuando recapacites, tu remordimiento no sea tan grande.
Las palabras absurdas de Antonio me dejaron paralizada en la puerta, con la mente hecha un lío.
Con expresión compleja, lo observé por un momento y solo se me ocurrió una explicación forzada.
―No me digas... ¿te interesa la sangre de Mariano? Despierta, señor Martínez. Está viejo, tiene múltiples problemas de salud y apenas puede cuidarse a sí mismo. No podrá salvarte.
―Tú... ―el rostro de Antonio se oscureció, evidentemente enfadado, y finalmente espetó con dureza―: Al menos mi conciencia está tranquila.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De novia abandonada a amada del magnate
Me gusto mucho muy bonita historia...
no se puede leer este capitulo...