Capítulo 84
Alejandro, casi sin pensarlo, pronunció el nombre de Camila.
Aunque solo alcanzó a verla un instante, la mujer desapareció de su vista en medio del grupo que la escoltaba.
—¿Camila? ¿De verdad sigues pensando en ella en un momento como este?
Al oír aquel nombre, Laura se puso tensa de inmediato.
Pero Alejandro señaló hacia el frente y su voz vaciló un segundo antes de decir:
—Creo que vi a Camila.
La figura de esa mujer le resultaba inquietantemente familiar. Ni siquiera alcanzó a verle el rostro y ya sentía que se parecía a Camila.
—¿Cómo es posible? Este hotel está reservado en exclusiva para hoy.
Para ella, Alejandro simplemente había vuelto a pensar en Camila, y el ánimo se le cayó al suelo en un instante.
—¿No me digas que crees que la mujer que bajó del auto es Camila? —añadió con una sonrisa cargada de burla.
Ese día, todos los invitados al compromiso eran las figuras más importantes de Puerto Azul, Ni siquiera la familia Jiménez había sido invitada.
¿Cómo iba a venir Camila?.
—Disculpen, por favor. Necesitamos despejar esta zona, avancen.
Al ver que Alejandro aún intentaba acercarse un poco más, un par de miembros del personal lo detuvieron. Poco después llegó un grupo de escoltas y cerraron todos los accesos del lugar, incluidos los elevadores.
Cuando los dos salieron, ya habían bloqueado varios cientos de metros alrededor del edificio, y cualquier persona que quisiera entrar debía presentar una invitación exclusiva.
—Vaya despliegue. Estos sí que son los Torres — murmuró Laura al volver al auto.
Apenas giró la cabeza, alcanzó a ver por el rabillo del ojo que Alejandro estaba mirando su celular.
—No estarás escribiéndole a Camila, ¿verdad?
—Solo le aviso al cliente para cambiar de restaurante —respondió él de inmediato mientras apagaba la pantalla del celular.
Su tono era frío, sin rastro alguno de emoción.
La abuela Torres quería que Camila llegara un poco más tarde, pero por cortesía, ella decidió adelantarse.
Gabriel tenía una reunión importante ese día y llamó para avisar que solo llegaría justo a tiempo.
No había preparado nada con anticipación, todo había sido apresurado, pero mientras ambos Ilegaran, la tarea de los dos ancianos estaría cumplida.
Apenas entró, la abuela Torres la tomó de la mano y empezó a presentarle a los mayores de la familia.
Había muchos miembros de la familia Torres. Solo unos pocos no habían podido venir por trabajo, pero todos enviaron generosos regalos para Camila.
El padre de Gabriel tampoco pudo regresar del extranjero y pidió a su esposa que asistiera en su nombre.
Nora Vargas, la madrastra de Gabriel, era muy joven, tal vez poco más de treinta años. Era hermosa, dulce y hablaba con una suavidad que relajaba a cualquiera.
La primera impresión que tuvo de Camila fue excelente.
Había escuchado que, aunque Gabriel había elegido a la heredera de la familia Díaz, se trataba de una hija ilegítima, y temía que ella no estuviera a la altura.
Pero al verla en persona, Camila no solo era bellísima, sino que también tenía una presencia educada y elegante.

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