Al escuchar esas palabras, Fabián frunció el ceño con evidente molestia.
—Ella no vino hasta aquí para hacer los quehaceres de la casa.
Mariana, indignada por su respuesta, replicó.
—Entonces, ¿qué motivos tengo para recibirla?
—Yo le pedí que viniera. Su vida es conmigo, no contigo —sentenció Fabián.
La madre no se quedó callada y arremetió con más fuerza.
—Si su vida es contigo, ¿para qué la traes a mi casa?
—Para que te quede claro que sigue siendo mi mujer —dijo Fabián, cargando cada sílaba con una clara advertencia.
Mariana dejó escapar una risa despectiva.
—Pues si ya terminaste de hablar, pueden irse por donde vinieron.
En lugar de marcharse, Fabián tomó a Belén del brazo y la jaló hacia el centro de la sala, manteniéndola a su lado.
Belén se quedó aturdida por un instante, pero logró recomponerse.
—Iré a preparar la comida.
Dicho esto, caminó directamente hacia la cocina.
Prefería mil veces trabajar como una esclava frente a los fogones que seguir soportando aquella tensión asfixiante.
Al ver cómo Belén desaparecía en la cocina, Mariana rodó los ojos y murmuró con desprecio.
—Cualquiera.
Al escuchar el insulto, Fabián no pudo contenerse y le respondió en voz baja pero firme.
—Qué vulgar.
Mariana levantó la mirada, ofendida, y lo encaró.
—Fabián, ¿qué pretendes?
Él sostuvo la mirada de su madre sin titubear.
—Ya te lo dije, ella es mi esposa.
Mariana resopló con sarcasmo.
—Eso mismo dijiste cuando te empeñaste en casarte con Frida Arrieta.
—Esta vez hablo en serio —afirmó él.
Mariana estaba harta de escuchar el mismo discurso.
Ya no reconocía a su propio hijo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....