En todo el tiempo que Belén llevaba conociéndolo, siempre lo había visto como alguien elocuente, divertido, con ese encanto pícaro y seguro. Nunca lo había escuchado tartamudear ni tener problemas para formular una simple frase.
Al verlo así, Belén no pudo evitar reír suavemente y le dijo con una dulce sonrisa:
—Qué bueno que te guste.
La mirada de Tobías no se despegaba de ella. Sus ojos, cálidos y profundos, parecían reflejar el brillo de la luna. Se inclinó un poco, le tomó las manos con delicadeza, acariciando sus brazos y murmuró:
—Seguro salvé el mundo entero en mi vida pasada. De lo contrario, no entiendo cómo tuve tanta suerte de cruzarme con una mujer tan maravillosa.
Mientras decía eso, sus ojos se enrojecieron de forma inconsciente.
Belén lo miró, sintiendo un nudo en la garganta, y respondió:
—Yo soy la que debería decirte eso.
Tobías negó con la cabeza. Llevó el dorso de la mano de ella a sus labios, le depositó un beso suave y luego, mirándola con los ojos cristalinos, le suplicó en un susurro:
—Belén, por favor, nunca me dejes.
El pánico a perderla que llevaba en el alma lo aterraba incluso a él mismo.
Antes, cuando no la tenía, lo único que anhelaba era su amor.
Pero ahora que estaba a su lado, ese miedo al abandono se había vuelto paralizante.
No sabía por qué, pero sentía una presión inmensa en el pecho.
Era como si presintiera que Belén podía esfumarse de sus brazos en cualquier momento.
Belén levantó la mirada y notó claramente el terror en sus pupilas. No sabía qué estaba pasando por su cabeza, pero dio un paso hacia él, entrelazó sus dedos con los de él y le dijo con una voz cargada de ternura:
—Tobías, mientras tú estés a mi lado, yo nunca me iré del tuyo.
Al escuchar esas palabras, la tormenta en el corazón de Tobías se calmó de golpe. Apretó las manos de ella con fuerza y, girándose hacia donde estaba Dolores, le agradeció:
—Gracias, Dolores.
Dolores soltó una carcajada y le siguió el juego:
—¿Ah, sí? ¿Me lo vas a agradecer solo con palabras?
Al instante, Tobías replicó sin perder el ritmo:
—No te preocupes. En menos de dos días te enviaré un regalo de agradecimiento que estará a la altura.
Belén levantó la mirada, sorprendida, y sus ojos se encontraron de inmediato.
Tobías se perdió en aquellos ojos que brillaban con intensidad y su corazón dio un vuelco.
Tras unos segundos de absoluto silencio, Belén preguntó desconcertada:
—¿Qué... qué pasa?
Tobías no pudo evitar cerrar los ojos un instante. Se acercó a su rostro y confesó:
—Tengo unas ganas locas de besarte.
Apenas terminó de hablar, Belén se adelantó y depositó un beso fugaz en la comisura de sus labios, separándose rápidamente.
Pero Tobías no la dejó huir; la tomó por la cintura, la acercó a él y profundizó el beso con pasión.
Estaba lejos de quedar satisfecho y moría por continuar, pero el compromiso de la boda rondaba por su cabeza, obligándolo a separarse a regañadientes.
Al soltarla, Tobías apoyó su frente contra la de ella y susurró con la respiración agitada:
—Cariño, hueles tan delicioso y tu piel es tan suave... Daría lo que fuera por quedarme abrazado a ti para siempre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....