—Primero, tenemos a la población sin hogar; no en cualquier parte, sino aquí mismo en Maviston, donde su número llega a miles. Luego, considera a los ancianos aislados y aquellos que rara vez salen de sus casas, con mínimo contacto con el mundo exterior. Después, están las personas que luchan contra enfermedades terminales; algunos son indiferentes a su destino, listos para intercambiar sus vidas por dinero, mientras que otros simplemente podrían ser engañados. Finalmente, están los orfanatos; los ensayos farmacéuticos requieren participantes de todas las edades, así que...
Jonathan no había terminado de hablar cuando Sierra lo interrumpió:
—Basta.
Las palabras de Jonathan eran impactantes, pero lo que la incomodaba era su tono: extrañamente calmado, como si estuviera discutiendo alguna investigación académica y no las sombrías realidades que describía. Esto despertó una sensación extraña en ella; incluso se encontró a sí misma vacilante en mirar la expresión de Jonathan.
Comprendiendo la incomodidad de Sierra, Jonathan supo inmediatamente dónde estaba el problema. Continuó lentamente:
—Sierra, sabes que solo estoy exponiendo los hechos. Si queremos asegurarnos de que Kason nunca pueda recuperarse, necesitamos reunir todas las pruebas de sus crímenes. Sin evidencia sólida, es difícil derribarlo.
También había pedido a Mateo que investigara a las personas detrás de Kason. Un solo Kason no podría sostener una operación tan grande; definitivamente había otros respaldándolo. Jonathan aún no sabía quiénes eran, pero dada su audacia, un enfrentamiento era inevitable. No compartiría estos pensamientos con Sierra. Ella solo necesitaba hacer lo que quisiera hacer; él se aseguraría de que estuviera protegida.
Sierra se calmó, reconociendo la verdad en las palabras de Jonathan, aunque no podía mantener su nivel de desapego.
—Sierra —dijo Dickson con determinación—, el señor Yeager tiene razón. Entonces seguiré buscando; encontraré todo lo que pueda.
Estaba decidido a vengar a su hermana. Después de hablar, Dickson no se demoró; regresó para continuar su búsqueda, dejando solos a Sierra y Jonathan.
Entonces Jonathan preguntó:
—¿Crees que soy demasiado calmado?
Sierra asintió, vacilando antes de responder:
—Sí, parece que no estás enojado en absoluto. Tal vez somos nosotros los que estamos demasiado emocionales.
Jonathan no discutió, sino que simplemente aceptó sus palabras:

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