Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 911

Dafne bajó la cabeza, con una expresión de tristeza mientras escuchaba la advertencia de Joana:

—Ya entendí, mamá. La verdad, solo quería ver el paisaje.

—Eso no te lo creo —le soltó Joana, sin dudar.

Por dentro, Dafne solo pudo suspirar. No tenía palabras. ¿Quién iba a pensar en hacer una tontería así a su edad? Apenas tenía unos cuantos años, ni siquiera había visto todo lo que el mundo podía ofrecerle; ¿cómo se le iba a ocurrir terminar con su vida? Eso sí sería una locura.

El problema era que era tan bajita que nunca alcanzaba a ver el paisaje desde la ventana. Por eso se le ocurrió subirse un poco, nada más. Además, esa ventana tenía una reja de seguridad. ¿No sería que su mamá se estaba preocupando de más?

Aunque quisiera, ni de broma se le ocurriría lanzarse por ahí. Y, según lo que había oído, eso dolía muchísimo; hasta decían que te podías abrir la cabeza. Mejor ni pensarlo.

Joana, al ver la expresión seria de Dafne, creyó que por fin había entendido la gravedad de sus palabras y eso la tranquilizó un poco.

—Me alegra que te des cuenta de lo grave que es todo esto —dijo mientras le acariciaba la cabeza con ternura—. Yo sé que a veces te sientes triste, pero puedes platicar conmigo, no hace falta que tomes medidas tan extremas.

En ese momento, los ojos de Dafne se iluminaron. Se detuvo en seco, miró a Joana con esa mirada grande y brillante:

—¿De verdad puedo llamarte cuando quiera, mamá?

Joana, al ver la esperanza y emoción en el rostro de Dafne, sintió que el corazón se le encogía. ¿De verdad debía volver a acercarse a sus dos hijos?

Pero ya lo había dicho. En su afán por alejar a Dafne de cualquier peligro, las palabras solo salieron de su boca sin pensar. Y aunque quisiera retractarse, al ver esos ojitos llenos de ilusión, simplemente no pudo.

Al final, solo asintió:

Vio a Joana y Dafne, una grande y otra pequeñita, viniendo hacia él bajo la luz del sol que entraba por la ventana y las bañaba en dorado.

Esa imagen hizo que el corazón de Fabián diera un brinco. No solo por la ternura, sino porque ambas compartían rasgos tan parecidos a los suyos que no podía evitar sentir ese lazo imposible de romper. Solo de pensarlo, sentía que el pecho se le aceleraba.

¿No que Joana había dicho que ya no quería saber nada de esos niños? ¿Entonces qué hacía ahora viniendo a verlos al hospital?

Al final, las mujeres siempre decían una cosa y hacían otra.

Después de todo, esa niña era hija de ambos. Si Joana antes había hecho cosas como colarse a su cama, ahora que se acercaba por la niña, hasta le parecía normal.

Pensando en eso, Fabián sonrió con confianza. Caminó despacio hacia Joana y Dafne, y se paró justo frente a ellas, cortándoles el paso.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo