Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 910

Joana escuchó las palabras de Sabrina y, en el fondo, también sentía un nudo en el corazón.

Pero fue Dafne quien preguntó en voz alta:

—Mamá, ¿no quieres ir a ver a mi hermano?

Al escuchar eso, Joana apretó los labios, entendiendo que, al final, no había manera de escaparse de esa situación.

Sabrina también parpadeó y, como si apenas lo recordara, añadió:

—¡Cierto! Lisandro está internado, deberías ir a visitarlo.

Joana cerró un poco la mano, dudando. Era su propio hijo, sangre de su sangre, y aunque intentaba convencerse de lo contrario, no podía evitar preocuparse por el estado de Lisandro.

Dafne, por su parte, resolvió el asunto por ella:

—Mamá, mejor vamos a ver a mi hermano, él también te extraña mucho. Ayer, mientras soñaba, te estaba llamando todo el tiempo.

Joana miró a Dafne, sin saber qué responder.

Pero Dafne, con toda la seriedad del mundo, levantó unos cuantos dedos junto a la mejilla y juró:

—Mamá, te juro que lo que digo es verdad, mi hermano sí te extraña mucho. Además, cuando un niño está lastimado y su mamá no lo cuida, da mucha tristeza.

Joana solo pudo quedarse callada.

Esta niña, ¿de dónde sacaba tantas frases así?

Lo peor era que no podía contradecir nada de lo que Dafne decía.

Sabrina soltó una risita:

—De veras que eres una niña bien lista, sabes cómo tocarle el corazoncito a tu mamá.

Luego miró a Joana y le dijo:

—Joana, en serio, esta niña te salió igualita a ti cuando ibas a la universidad, toda traviesa y astuta.

Al escuchar eso, Joana se quedó viendo a Dafne con una mezcla de emociones en los ojos.

—¿En serio piensas eso, Sabrina?

Pasaron unos segundos antes de que Joana recuperara el habla.

Pero Sabrina se animó todavía más:

—Ay, eso no es nada —respondió Sabrina con toda confianza—. Te juro que aún me puedo bajar de esta cama y hacer unas lagartijas si quiero.

—¡No, no, no! —Joana la detuvo rápido antes de que de verdad se le ocurriera bajarse de la cama—. Ya sé que eres fuerte, pero mejor quédate quieta y descansa. Voy con Dafne a ver al niño.

—Vayan, vayan, no se preocupen por mí.

Sabrina hizo un gesto con la mano, restándole importancia.

Cuando la puerta del cuarto se cerró tras ellas, Sabrina por fin dejó salir un suspiro largo.

—Ay, esta maldita herida, ¿por qué duele tanto?

Hizo una mueca de dolor, quejándose en voz baja.

La verdad, no debió hacerse la valiente. Por un momento sintió como si la herida se le fuera a abrir de nuevo.

...

Al salir del cuarto, Joana todavía le iba diciendo a Dafne:

—La próxima vez, sin importar lo que pase, no te acerques a la ventana, ¿de acuerdo? Es muy peligroso y solo vas a preocupar a todos en casa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo