—Una vez más y ni Dios la salva —dijo el médico con tono duro.
Lo que más le molestaba eran los pacientes que no cuidaban su propio cuerpo.
¿Acaso no sabían que eso solo aumentaba la presión en el hospital y desperdiciaba recursos médicos?
Pensando en ello, el médico lanzó varias miradas fulminantes a Tatiana y a Fabián.
«Vaya par de desquiciados, uno irresponsable y la otra que no se cuida. Al final, los que sufrimos somos los médicos».
El doctor no entendía por qué esta gente rica no buscaba a sus propios médicos particulares.
¡Que los atormenten a ellos!
No deberían desperdiciar los recursos públicos, porque realmente no era necesario.
Fabián no dijo nada.
Aunque el médico lo fulminara con la mirada, no servía de nada.
Él tampoco esperaba que Tatiana tratara su cuerpo de esa manera.
A los ojos de Fabián, ese comportamiento era una estupidez.
El médico, al ver a Fabián pasmado en su lugar, no pudo evitar negar con la cabeza y suspirar: —Señor Rivas, ya le hemos dicho todo lo que podíamos. Lo que usted y la señorita Tatiana decidan hacer después es cosa suya, nosotros no tenemos derecho a interferir.
Dicho esto, el médico se marchó con su equipo.
En ese momento, solo quedaron Fabián y Tatiana en la habitación.
Tatiana seguía en estado de coma.
Fabián levantó la vista para mirar a Tatiana en la cama, sumido en un dilema interno.
¿Por qué demonios pasaba esto?
¿En qué momento él y Tatiana habían llegado a este punto?
Claramente, las cosas no eran así antes.
Su memoria se estaba recuperando poco a poco. Al menos ahora podía estar muy seguro de una cosa: sus sentimientos hacia Joana probablemente eran reales.
Si no, ¿por qué se sentía tan feliz cada vez que se acercaba a Joana?

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