Dicho esto, Fabián se preparó para irse.
Pero Tatiana soltó un grito ahogado de repente.
Fabián frunció el ceño instintivamente, dudó un momento, pero finalmente se dio la vuelta para ver qué le pasaba.
Al ver a Tatiana sujetándose el vientre e intentando bajarse de la cama, su expresión se tornó sombría.
Fabián se acercó a paso rápido y la reprendió: —Tatiana, ¿acaso estás loca?
—¡Sí, estoy loca! —Las lágrimas de Tatiana cayeron antes de que pudiera terminar la frase—. Fabián, siento que estoy hecha un lío, como si tuviera mil hormigas mordiéndome el corazón; no tengo palabras para describir lo que siento todos los días. Fabián, mírame, creo que estoy enferma…
Mientras hablaba, Tatiana tomó la mano de Fabián e intentó ponerla sobre su cuerpo.
Pero Fabián se mantuvo imperturbable y soltó un resoplido frío: —Si no te sientes bien, llama al médico. Aferrarte a mí no sirve de nada, al fin y al cabo, yo no soy doctor.
Tatiana se quedó sin palabras.
«Este hombre es un témpano de hielo, ¿lo hace a propósito? ¡Antes no era así!».
Esas cuestiones solo Fabián podía entenderlas.
Ahora, al mirar a Tatiana, sentía que se le agotaba la paciencia.
Era como si de repente se le hubiera caído la venda de los ojos; incluso se sentía como un estúpido.
Llevaba tanto tiempo con Tatiana, pero aún no lograba descifrar su temperamento.
Fabián suspiró: —La próxima vez, cuando no estés totalmente recuperada, no te muevas a lo tonto. ¡Si no, solo me vas a dar más problemas!
Al decir esto, ¡Fabián no tuvo ni una pizca de cortesía!
Precisamente porque sabía qué clase de persona era Tatiana, quería ver qué más tramaba.
Tatiana sacudió la cabeza frenéticamente.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo