—El fin justifica los medios —respondió Fabián sin pizca de remordimiento—. Digas lo que digas, tienes que venir. Si no, los videos de lo que pasó hace un rato estarán en internet en menos de lo que canta un gallo.
Joana respiró hondo. Sabía que no tenía salida.
—¡Estás loco, Fabián! —masculló.
Pero él seguía sonriendo, con esa tranquilidad que la desquiciaba.
—Parque de Diversiones Mar Azul Urbano. Te esperamos frente a la rueda de la fortuna. No tardes.
Y sin esperar respuesta, colgó. Fabián sonrió de oreja a oreja. Escuchar a Joana rabiosa le resultaba extrañamente placentero. ¿Cómo no se había dado cuenta antes de lo divertido que era sacarla de sus casillas?
Dafne lo miró con ojos llenos de esperanza.
—Papá, ¿mamá va a venir de verdad?
—Claro que sí, llegará pronto —aseguró él con total confianza.
Dafne aplaudió feliz. Desde que regresó a la mansión Rivas, casi no había visto a su madre y la extrañaba horrores. Recordaba que cuando se enfermaba, su mamá le hacía caldos especiales; ahora, tenía que hacer mil trucos para conseguir algo parecido. La diferencia de vida era abismal y le dolía.

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