—Creo que tienes razón —secundó Violeta casi sin pensarlo.
La imagen de Joana cruzó por su mente.
Esa mujer siempre lucía impecable y hermosa, con la espalda recta, ni humilde ni arrogante.
En cuanto a Cristina, ya la había traicionado una vez.
Si Violeta estuviera en su lugar, tampoco perdonaría jamás a alguien como Cristina.
—Recopila otras pruebas en secreto. Incluso si vamos a juicio, no podemos permitir que Joana le dé la vuelta a la situación —dijo Tatiana con una mirada firme, aunque Violeta no pudiera verla—. Aferrémonos a que somos las originales. Además, si al final las cosas se ponen feas y estamos a punto de ser descubiertas, empuja a Cristina al frente y deja que ella cargue con la culpa.
—¡Entendido!
Un destello de crueldad pasó por los ojos de Violeta.
En este momento, no sentía ni una pizca de compasión por Cristina.
Después de todo, si Cristina había decidido buscar a Joana, significaba que no tenía ninguna intención de ser leal a Violeta.
Tal como dijo Tatiana, ¿de qué servía mantener a alguien así, de quien había que cuidarse todo el tiempo para que no te traicionara?
Solo servía para actuar como chivo expiatorio.
Ahora, Violeta ya tenía parte de los diseños de Estudio Renacer, y los rumores en internet estaban en su punto más álgido.
En este juicio, si realmente perdían, haría exactamente lo que dijo Tatiana: ¡lanzar a Cristina a los leones!
Mirando su celular, volvió a llamar a Catalina.
Había pasado tanto tiempo sin contacto y Catalina no la había buscado.
Ahora que había un escándalo tan grande en internet, ella seguía sin dar señales de vida.
¿Acaso no había asociado el problema con ella?
El teléfono sonó durante mucho tiempo.
La mirada de Violeta se oscureció; ya estaba preparada para que le colgaran.
Pero, para su sorpresa, justo antes de que la llamada se cortara automáticamente, alguien contestó.
Violeta sintió una gran conmoción en su interior.

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